3 de diciembre 2009 - 00:00

Comenzó Obama ardua batalla en el Congreso por Afganistán

La secretaria de Estado, Hillary Clinton; el secretario de Defensa, Robert Gates, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Mike Mullen, escuchan preguntas en un comité del Senado estadounidense.
La secretaria de Estado, Hillary Clinton; el secretario de Defensa, Robert Gates, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Mike Mullen, escuchan preguntas en un comité del Senado estadounidense.
Washington - Buena parte de la plana mayor del Gobierno de Barack Obama enfiló ayer al Congreso para enfrentar a legisladores escépticos sobre el plan de enviar 30.000 efectivos más a Afganistán anunciado por el presidente en la noche del martes.

El incremento de las muertes en combate y los costos militares minaron el apoyo público a una guerra que ya lleva ocho años, y el incremento de tropas fue recibido con críticas por el ala de centroizquierda del Partido Demócrata, a la vez que muchos republicanos exhibieron cuestionamientos sobre la estrategia.

A su vez, representantes y senadores de ambos partidos pusieron el acento en el problema económico que representa el relanzamiento de la guerra, teniendo en cuenta que la deuda nacional de los Estados Unidos, de casi u$s 12 billones, podría incrementarse por las demandas sociales y la reforma sanitaria.

«El costo de esto es astronómico», dijo el legislador republicano Walter Jones. Su par Dave Obey, que preside la comisión de la Cámara a cargo de aprobar el gasto del Gobierno, evaluó que un compromiso bélico de largo plazo en Afganistán podría costar de u$s 500.000 millones a u$s 900.000 millones durante la próxima década, lo que «consumiría nuestra capacidad para pagar las acciones necesarias para reconstruir nuestra propia economía».

En su discurso televisado, Obama dijo que el objetivo de aumentar la cifra de soldados a casi 100.000 es reforzar la lucha contra los rebeldes talibanes, asegurar centros clave y entrenar a las fuerzas afganas para que puedan asumir el mando, allanando la vía para una salida de las tropas estadounidenses.

Se espera que también los aliados de la OTAN envíen a otros 5.000 hombres, según anticipó el secretario general de la organización, Anders Fogh Rasmussen. Esa cifra es la mitad de lo que extraoficialmente pretendía EE.UU., país que dirige las acciones.

El compromiso de Obama de comenzar a retirar las tropas estadounidenses en 2011 podría ayudar a contener la rebelión entre los demócratas. Pero, precisamente, la fecha de comienzo de la retirada en julio de 2011 fue rápidamente criticada por los republicanos, que están de acuerdo con la decisión de fondo de fortalecer la presencia de 68.000 soldados estadounidenses en la zona de guerra.

«Todos los estadounidenses quieren ver que nuestras tropas dejen Afganistán tan pronto como sea posible luego de completar exitosamente su misión, pero queremos que la reorganización se base en los hechos y condiciones sobre el escenario de guerra y no en el reloj político de Washington», dijo el representante Howard McKeon, el republicano de más alto rango de la comisión de Servicios Armados de la Cámara de Representantes.

Comisiones claves del Congreso fijaron audiencias consecutivas ayer y hoy para analizar la estrategia revisada de guerra de Obama, que se estima costará u$s 30.000 millones este año fiscal. Como comandante en jefe, Obama tiene la autoridad para enviar los soldados, pero el Congreso debe aprobar el costo.

La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, el secretario de Defensa, Robert Gates, y el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto, se presentaron ante la comisión de Servicios Armados del Senado a las 9. Luego se trasladaron ante la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, a las 13.30, y está previsto que el general de Ejército Stanley McChrystal, comandante de las fuerzas de los Estados Unidos y la OTAN en Afganistán que recomendó el envío de 40.000 efectivos adicionales, irá al Congreso la próxima semana.

Los mayores movimientos de tropas posiblemente comiencen en enero y todos los 30.000 efectivos adicionales estarían desplegados para fines de agosto, un cronograma mucho más reducido que el que habían previsto las autoridades del Pentágono.

Los otros países con efectivos en el campo de batalla están liderados por Gran Bretaña, Alemania, Francia, Canadá, Italia y Holanda. El primero ya comprometió 500 hombres, que se sumarán a los 9.500 que allí tiene, pero en general también hubo escepticismo en Europa.

«Obama también se ha tomado su tiempo para preparar su discurso y su estrategia, y nosotros nos tomaremos nuestro tiempo para evaluar lo que dijo y tratarlo con nuestros aliados», dijo el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Guido Westerwelle.

Agencias Reuters, AFP y EFE

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