Comerciantes evalúan cerrar por Metrobús

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La frase «una de cal y una de arena» le queda perfecta al nuevo Metrobús, ya que mientras beneficia a los pasajeros de las líneas 34 y 166 -que ahora tardan unos 15 minutos menos en llegar de Palermo a Liniers- perjudica a los comercios ubicados sobre la avenida Juan B. Justo, ya que la disminución de carriles no permite que los automóviles puedan ingresar a las decenas de lavaautos y talleres emplazados sobre esta arteria, por lo que muchos ya están evaluando no renovar sus contratos de alquiler y ubicarse en otro lado.

En un recorrido de este diario se pudo comprobar que, alrededor de las 15, se tarda unos 35 minutos en llegar desde Liniers hasta Palermo. Para esto, se debieron disminuir dos carriles de la avenida Juan B. Justo -uno en cada dirección-, provocando la reducción del espacio por el que circulan automóviles y camiones. Por esto, el tránsito es un caos, inclusive en horas no pico, y los vehículos tardan más en hacer el recorrido, lo que genera las quejas de los conductores.

A esto se suma la gran circulación de transporte pesado que caracteriza a esta arteria y que también se vio reducido a dos carriles de cada lado, entorpeciendo aún más el tránsito. Pero también los comerciantes se vieron afectados. «Me perjudica porque los autos no pueden entrar debido a que el resto de los vehículos, especialmente los camiones, se los pueden llevar puestos. No pueden maniobrar», aseguró el dueño de un lavadero de autos que alquila el lugar y ya está pensando en mudarse.

«En un día normal, a esta hora ya tenía entre 30 y 32 autos, pero hoy van 15», agregó el comerciante que detalló que ahora en Juan B. Justo «los autos no pueden detenerse porque este sistema (el Metrobús) es muy raro en una avenida de tránsito pesado». Sobre esta arteria abundan los talleres, lavaderos, cerrajerías y ventas de repuestos de autos, que se ven afectados negativamente por el nuevo medio de transporte.

Pero también los locales «de paso» sufren el cambio. Kioscos y pequeños restoranes se sostienen vendiendo a los automovilistas que frenaban sus vehículos unos minutos sobre la avenida, a pesar de que no está permitido, y se llevaban algo para comer. «Ahora no pueden parar los autos, tengo muchísimos menos clientes ya desde que empezaron las obras. Comercialmente me arruinó y estoy pensando si quedarme acá o no. Yo creo que este transporte nuevo no hacía falta», sostuvo un kiosquero de Juan B. Justo y Corrientes, quien también está preocupado por la inseguridad ya que la parada le tapa la vista de enfrente, y de noche «no se ve nada. Además, entorpece el tránsito de las ambulancias», afirmó.

Carlos, dueño de una pizzería en Juan B. Justo y Nazca, también sufre esta situación. «Ahora los autos disparan, se convirtió en un paso rápido. Antes paraban y comían o se llevaban una porción, pero ya no lo pueden hacer más. Esto afecta a los comerciantes», aseveró.

Las paradas del Metrobús son muy limpias, tienen una rampa por la que se ingresa desde la mitad de la calle y sillas para esperar, además de luz por la noche, y están elevadas, lo que facilita subir y bajar, particularmente a personas en sillas de ruedas y a gente mayor. Sin duda, recuerdan a una ciudad europea pero, a pesar de que empezó a circular recién el martes, ya generó muchos dolores de cabeza.

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