6 de abril 2009 - 00:00

Como la onda corta, pero demasiado pronto

¿A alguien se le ocurre escuchar música en AM? ¿Alguien piensa en una FM para escuchar un partido de fútbol? El «barrilete cósmico» con que Víctor Hugo Morales describió al Maradona del gol contra Inglaterra, ¿podría haber volado sin la «fritura» y la sensación de lejanía que todavía transmite la AM? En sentido inverso, ¿quién sino alguien anclado para siempre en una nostalgia casi patológica podría hacer -y escuchar- por AM un remedo de los programas que traían la música progresiva en los 60 cuando la FM no existía ni en la ciencia ficción?
Aunque haya por una radio porteña (AM) un programa los sábados a la noche dedicado a The Beatles, o desde alguna FM «trucha» se relaten los partidos de los clubes del barrio donde está afincada esa emisora, los reinos de ambas tecnologías están tan claramente separados que cualquier intento de eliminar una de las dos parecería impensable.
Y, sin embargo, desde algún laboratorio de Japón o el Sillicon Valley, dominados por «nerds» de no más de 30 años que nunca escucharon «Modart en la noche», o su sucedáneo californiano o nipón, se decretó en forma unilateral la muerte de la AM.
Quizás no les falte razón: en países como España o -en menor medida- Chile la AM ya casi no existe, y en Estados Unidos está en franca decadencia aunque a la neoyorquina WFAN no hay con qué darle, y los grandes columnistas polémicos como Rush Limbaugh todavía transmiten sus vitriólicas diatribas en AM. En los países en que la AM desapareció, muchas FM se transformaron en «talk radios» justamente para llenar el vacío. En la Argentina la audiencia total de las emisoras de AM sólo llega al 30%, un desplome que se acentúa año a año. ¿Las nuevas generaciones ya no quieren escuchar palabras (noticias, opiniones, columnas, deportes) o es un efecto de los aparatos que usan casi desde la cuna, que no traen receptor de AM?
Son preguntas que el futuro responderá. Es un hecho que el «streaming» (la transmisión por internet) tarde o temprano barrerá no sólo con la AM sino con la FM y hasta con la TV por cable. La gente se desplazará por avenidas y hasta por autopistas interurbanas equipadas con Wi-Fi que les permitirán elegir entre una radio porteña y una de China, entre música y palabras, entre su idioma y algún otro. Todas estas tecnologías correrán la suerte de la onda corta, algo de lo que los más chicos ni siquiera oyeron hablar. Pero al menos por ahora, la muerte de la AM decretada por la tecnología parece prematura.
Sergio Dattilo

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