8 de marzo 2012 - 00:00

Con deslumbrante show arrancó Waters sus recitales en River

Roger Waters hizo vibrar a sus seguidores con un recital espectacular en el comienzo de sus shows en el estadio de River Plate.
Roger Waters hizo vibrar a sus seguidores con un recital espectacular en el comienzo de sus shows en el estadio de River Plate.
Diecinueve minutos después de las 21, Roger Waters inició ante las 60.000 personas que colmaban el estadio de River el primero de los nueve shows de The Wall Live que se continuarán hasta el 20.

La puesta en escena era tan espectacular como se esperaba, con la visión de ese panel gigantesco (75 metros de largo por 26 de alto), a la vez pantalla de proyección, que simboliza la célebre «pared». La Luna llena sobre el campo colaboró también con el ambiente que se buscaba crear.

Dedicatoria

El ex Pink Floyd arrancó, como es tradicional, con «In The Flesh», al que siguieron «The Thin Ice», «Another Brick in the Wall» y «The Happiest Days of Our Lives». A continuación, luego de dedicar el espectáculo a los «desaparecidos, muertos y torturados», tal como en Chile y sin comentarios adicionales a otros temas de actualidad, continuó el orden del espectáculo con «Mother».

La puesta en escena comprendió, según lo planeado, la espectacularidad de un avión virtual que se estrellaba sobre el escenario, el estallido de centenares de fuegos artificiales, y la aparición de diez chicos, vestidos con remeras en las que se leía «Fear builds Walls» («El miedo levanta paredes»).

Un muñeco gigantesco, que representaba el Mal, sobrevolaba sobre ellos. Las imágenes proyectadas, tal como en la película de Alan Parker de 1982 sobre este espectáculo, representaban caídos en guerras, actualizadas ahora a conflictos como los de Irak. No había, en cambio, imágenes de Malvinas.

Pocos jóvenes

Las puertas del estadio habían abierto a las 17, y el ingreso del público fue lento pero ordenado. Un detalle significativo: prácticamente no había público joven, dado que la edad promedio de los miles de fans oscilaba entre los 40 y los 50 años, es decir, el público contemporáneo a la aparición del disco en 1979, y seguidores desde siempre de Pink Floyd. Muchas familias, también.

Como siempre, los «trapitos» hicieron su negocio (cobraban alrededor de 100 pesos por vehículo), aunque ayer se vieron menos que en otros recitales. También funcionó el sector especial para estacionar bicicletas, dispuesto por el Gobierno de la Ciudad.

Dejá tu comentario