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Con elogios a Cristina, nueva CGT pide atención
El metalúrgico Antonio Caló celebra con los brazos en alto junto a su «primo» mecánico, Ricardo Pignanelli. Aplaude Roberto Fernández (colectiveros) ante la mirada de Gerardo Martínez (albañiles).
La central construida por los «gordos» de los grandes gremios de servicios, los «independientes» alineados con el Ejecutivo y los exaliados de Moyano alegó tener el reconocimiento de 1.427 congresales que participaron ayer del acto eleccionario (de ellos sólo tres votaron en blanco) en representación de 102 gremios. En julio, el camionero había dictaminado su reelección con el voto de 1.108 congresales. Si se estima que la CGT agrupa a no más de 2.000 congresales, uno de los dos sectores infló sus números.
Como había quedado sellado el lunes, Caló fue electo secretario general en soledad y al frente de una lista única, la azul. Hacia abajo del Consejo Directivo, la negociación permitió un cierto equilibrio entre los tres grupos internos. Como adjunto fue confirmado el estatal Andrés Rodríguez (UPCN), representante de los «independientes», y como secretario gremial fue electo Omar Viviani (taxistas), del sector de los excolaboradores de Moyano. Por los «gordos», Héctor Daer (Sanidad) quedó a cargo del área de prensa.
Los arquitectos del acuerdo se reservaron espacios estratégicos. Los «gordos» Armando Cavalieri (Comercio) y Oscar Lescano (Luz y Fuerza) serán secretarios de Relaciones Institucionales y de Seguridad Social, respectivamente. Mientras que de los «independientes», Gerardo Martínez (albañiles, UOCRA) seguirá en Internacionales, y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) quedó en Acción Social. Un espacio destacado quedó para Ricardo Pignanelli (mecánicos, SMATA), que cuenta con buen diálogo con los «gordos» y los exaliados de Moyano, y que será secretario de Interior.
Caló prometió en su discurso «defender este modelo económico» y encabezar una CGT «colegiada», como única alusión indirecta al personalismo que le reprocharon históricamente a Moyano. En lugar de esquivar el mote de «oficialista», el metalúrgico lo asumió plenamente tras recordar el incremento de afiliados de los gremios de la producción y la aplicación de «un modelo industrial». Más tarde le dijo a este diario que la semana que viene «se le pedirá una audiencia» a Cristina de Kirchner.
El líder de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que el martes había sido reelecto en su sindicato, cometió un desliz al finalizar el acto. Reivindicó la demanda salarial de efectivos de Gendarmería y Prefectura. Más tarde se ocupó de aclarar que el avance de las protestas había «pasado de castaño oscuro» y que tenían rasgos de «atentar contra la democracia».
En la misma línea a favor del Gobierno hablaron Andrés Rodríguez («defenderemos este modelo nacional y popular») y Viviani (dijo que Néstor Kirchner «dio su vida para levantar la Patria»).
El acto arrancó a las 9 con las acreditaciones y se extendió hasta las 17. Durante el desarrollo estuvo acompañado por el sonido de los bombos, que primero desplegaron los manifestantes de varios gremios en el frente de Obras Sanitarias y, durante la votación y hasta el final, dentro del estadio. Un veedor del Ministerio de Trabajo (que no envió a funcionarios al congreso de Moyano) constató la validez del proceso.
Los reclamos quedaron reservados en un documento que leyó Daer. Allí, como había anticipado este diario, se pidió la participación sindical en los organismos de previsión social (ver aparte), la suba y universalización de las asignaciones familiares, la eliminación de Ganancias en los sueldos y el incremento de las jubilaciones.

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