20 de junio 2012 - 00:00

Con excluidos y opiniones, cofradía K apura debate por Constitución

Con excluidos y opiniones, cofradía K apura debate por Constitución
Por cautela, Cristina de Kirchner ordenó que los puristas K se desentiendan. Obedientes, La Cámpora y Kolina, líneas genealógicas del kirchnerismo, se apartaron expresamente de la aventura que ayer se presentó para patrocinar una reforma de la Constitución.

Es una prevención modesta e irrelevante. La Presidente no quiere aparecer como sponsor de un debate constitucional que a pesar de que a priori excluye el capítulo de la reelección indefinida invocada cierta vez por Diana Conti, atisba

un eternismo que Cristina de Kirchner negó en persona y en público.

En rigor, antes de poner en marcha el engranaje que pretende instalar la discusión sobre un cambio en la Constitución, sus promotores se reunieron la semana pasada con el jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina. Antes, además, hablaron con Carlos Zannini.

Es más: la mesa organizadora asegura que sondearon a Máximo Kirchner antes de hacer los primeros movimientos y recibieron un OK del hijo de la Presidente. Luego se agregaron dos pautas más: no habría acompañamiento oficial ni se involucrarían La Cámpora y Kolina.

En ese contexto, ayer en el teatro porteño Margarita Xirgu, un colectivo de agrupaciones y dirigentes K presentaron «El Movimiento hacia una nueva constitución emancipadora», una especie de constituyente popular que repite ideas similares que en el pasado usó la CTA.

De hecho, Hugo Yasky, jefe de la CTA filo K, es uno de los ideólogos visibles de la aventura y ofició ayer como orador principal durante el acto de presentación del documento fundacional y argumental del planteo sobre la «necesidad» de una reforma.

Salvo las exclusiones de La Cámpora y Kolina, y a absoluta ausencia de peronismo «institucional» -figura para explicar gobernadores, intendentes, ministros-, estuvo todo el arco K, entre ellos la vertiente sindical que comanda el ex socio de Hugo Moyano, Horacio Ghilini, de SADOP.

Detrás de la convocatoria aparecen además de la CTA y ese club sindical, el Movimiento Evita de Emilio Pérsico y el Frente Transversal de Edgardo Depetri -ninguno de los dos jefes estuvo presente pero sí sus delegados-, el sabbatellismo -Martín

Sabbatella
se ocupó con un acto en Morón con Gabriel Mariotto- y el MILES de Luis DElía.

También el Frente Grande con Adriana Puiggrós y Eduardo Sigal -fue quien leyó el documento-, el PC de Patricio Echegaray; Ricardo Forster, de Carta Abierta; el ex juez Norberto Lorenzo -que juzgó a Camps- y Marcelo Koenig, de la JP Descamisados, único funcionario presente.

Es un dato a seguir: Koenig está al frente de la Escuela de Gobierno de la Jefatura de Gabinete y se le atribuye haber redactado, con Forster, el documento leído ayer. Además su grupo selló, hace tiempo, un pacto de empatía con La Cámpora. Quizá haya que rastrear sus movimientos para detectar la adivinanza de la Casa Rosada.

De hecho, a poco de arrancar, ya se observan matices:

El principal es sobre la cuestión de la reelección. El planteo central es abrir el debate -la idea es que arranque durante julio en la provincia de Buenos Aires- sin incluir en la agenda inicial la discusión sobre el capítulo electoral. El sector mayoritario considera que no hay que incluir, ni ahora ni más adelante, esa cuestión porque sería la forma de espantar a la oposición.

La discusión de fondo es sobre «el proyecto»; si el mismo depende de la continuidad de Cristina de Kirchner como Presidente o si es mejor confeccionar una Constitución que exprese las características de la nueva etapa. Los primeros sostienen que no hay «continuidad» sin la Presidente; los segundos anclan en la experiencia peronista de la Constitución del 49.

Hay otra discusión: tiene que ver con el modelo político. Eugenio Zaffaroni ha planteado su intención de discutir un modelo parlamentarista pero esa postura choca con la resistencia de casi todo el arco político, a pesar que en el pasado Raúl Alfonsín, y más adelante Eduardo Duhalde, plantearon esa alternativa. Entre los promotores de la reforma K no hay defensores del parlamentarismo.

En paralelo, otro entrevero de formas, se refiere a si la reforma debe ser para «actualizar» la actual Constitución o directamente para redactar una nueva. Es la diferencia entre los que proponen una modificación y los que consideran que es el momento para crear otra Constitución.

En el universo de posibilidades no se entró, todavía, en la instancia más delicada: cómo abrir y sobre qué temario el debate. De manera individual se fueron volcando ideas puntuales como la que sugiere rediscutir la propiedad del subsuelo, como parte de un segmento más amplio referido a los recursos naturales.

En estas semanas, desde que empezó a germinar la idea, hubo charlas informales con referentes de la oposición para sondear ánimos y voluntades sobre sumarse a la discusión. La respuesta fue calcada: «Si quieren discutir reelección, no cuenten con nosotros».

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