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Con guiño K, Cavalieri desafía al clan Moyano
Cristina de Kirchner se mostró con Armando Cavalieri, histórico duelista de Hugo Moyano que emprendió una avanzada sobre uno de los hijos del camionero.
Hace más de un década Cavalieri y Moyano libraban un clásico sindical. El mercantil tuvo al árbitro de su lado en tiempos de Carlos Menem y el camionero ganó el centro del ring con auspicio oficial tras la asunción de Néstor Kirchner en 2003.
La presencia de la Presidente en un show de Comercio coincide con una maniobra que, reservadamente, encaró Cavalieri y consiste en arrinconar a uno de los vástagos de Moyano, «Facundito», del gremio SUTPA que nuclea a los empleados de peajes: los peajeros.
Nada le quita al jefe de la CGT la categoría de sindicalista preferido -por gusto o por necesidad- de los K pero, por momentos, los Kirchner dan señales de que la protección a Moyano no significa que amparen cada uno de sus avances sobre otros gremios.
Un episodio inminente servirá para dimensionar hasta qué punto el Gobierno acepta que tribus sindicales desafíen al clan Moyano. Mañana, en Capital, se juntarán todos los gremios -salvo el SUTPA- que tienen representatividad en las autopistas.
El motor de la cumbre, que tuvo instancias previas, es Comercio que controla, con una rama específica, las autopistas porteñas donde quiso entrar Facundo Moyano, hasta ahora sin éxito. Pierde en la pulseada numérica: más de 500 empleados Comercio y apenas 13 el SUTPA.
La furia con Moyano motivó la fusión, por ahora táctica, de antiguos enemigos. Además de Cavalieri -que vio diezmado su padrón de afiliados cuando Moyano se dedicó a «capturar» trabajadores de logística- se sumó a la cruzada un ex amigo del jefe de la CGT, Antonio «Cacho» López, de UECARA.
Con resignación, López suele relatar que hace años Moyano le pidió que le diera «una changa a mi pibe» y que él, solidario, lo hizo. El pibe, que comenzó a trabajar en UECARA, era Facundo, quien tiempo después creó el SUTPA y se quedó con los afiliados del gremio de López.
Ahora UECARA es un gremio minoritario en los accesos a la Capital, base fuerte del moyanismo, pero se expandió en el interior del país. Junto a los afiliados de Comercio de las autopistas urbanas y al Utracovi, de Santa Fe, dicen juntar 2.300 afiliados.
Se preparan, entonces, para una compulsa gremial -como mesa gremial- con el SUTPA. Pero, sobre todo, para rebelarse contra las imposiciones del tercer Moyano, detrás de Hugo, el padre, y Pablo, el hijo, que quedó a cargo del sindicato de Camioneros.
Comercio está presente en la Comisión Interna de Autopistas Urbanas, bajo la coordinación de Oscar Raynoldi, también con presencia en la cúpula de la Federación que comanda Cavalieri.
Los duelos entre Moyano y Cavalieri son antológicos y la contraofensiva de Comercio se produce a semanas de que el camionero apadrine la irrupción de una agrupación interna, y moyanista, en el sindicato de Cavalieri. Se trata de la Borlenghi, que coordina Oscar Nievas, y homenajea a Ángel Borlenghi, ministro del Interior de Juan Perón entre 1946 y 1955.
Compensaciones
Ninguna pieza, más allá del azar y el caos, se mueve por impulso propio. La avanzada de Cavalieri, dicen en Comercio, se produce con un guiño de la Casa Rosada de que apaciguarán las embestidas del camionero. En rigor, es más defensiva que ofensiva. Y aparece producto de ese engranaje de compensaciones que trata de controlar Kirchner desde Olivos, como una concesión del camionero para terminar de allanar su desembarco en la jefatura del PJ bonaerense, butaca vacía desde el ACV que postró a Alberto Balestrini.
El episodio Cavalieri puede ser un indicio de que el intento del camionero de aterrizar en el mundo de la política partidaria puede tener como rebote que otros, incluso animados o patrocinados por Olivos, incursionen en el gremialismo para ponerle límite a Moyano en su propio universo.
El jefe de la CGT espera, ahora, que Kirchner regrese de Colombia -donde ensaya ejercicios de mediación zen que archiva apenas ingresa en espacio aéreo argentino- para, frente al patagónico, ejecutar la toma de posición en la jefatura del peronismo de Buenos Aires.
Planea, antes, un acto en la provincia -el 17 de agosto en Bahía Blanca- para lanzar otra filial de su Corriente Sindical y mostrarse, por primera vez, como jefe partidario en funciones luego de paladear, en la intimidad de su oficina de Constitución, los llamados de intendentes (varios) jurándole que «nunca» se opusieron a su asunción.
Objeciones
Alguno, con un resto de valentía, se animó elípticamente a expresar sus objeciones. Ocurrió el lunes a la noche en un restó de Puerto Madero, donde invitó a diputados nacionales, entre ellos Carlos Kunkel y al secretario general de Canillitas, el moyanista Omar Plaini.
«Acá algunos no quieren respetar nuestro trabajo en los territorios...», se lamentó Julio Pereyra, de Florencio Varela, en referencia a la aparición del moyanismo armando en la provincia y los distritos.
«Algunos no quieren entender -lo cruzó Plaini- que los sindicalistas, además de trabajar en los gremios, militamos en los barrios».


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