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Con la hacienda a media marcha

Es cierto que el abrupto salto alcista de precios que determinó esta fuerte caída del rodeo se fue estabilizando y se mantuvo, con oscilaciones mucho más leves, en los últimos meses. También es cierto que tales valores nominales van siendo erosionados paulatinamente por la inflación y que el aumento continuo en los costos de producción determina que los resultados económicos ya no sean tan «brillantes» como hace dos años.
Sin embargo, hace falta mucho más para explicar la lentitud de la recomposición y, naturalmente, con la «sequía», a la cual muchos funcionarios pretenden atribuirle semejante baja, tampoco alcanza. En especial, cuando varios países vecinos, que atravesaron por las mismas circunstancias climáticas, y de mercados internacionales, crecieron durante ese período mientras la Argentina retrocedía.
De todos modos, parece que no se puede pensar en volver a los 58-60 millones de cabezas vacunas de antaño, a pesar de los casi 176 millones de hectáreas que le asignan oficialmente a la actividad (de las cuales, un 81% son de pastizales y monte, y un 12% de verdeos y pasturas).
Sin embargo, eso no significaría que la Argentina no podrá recuperar sus ahora alicaídos niveles de exportación y hasta aún aumentarlos (hasta superar el millón de toneladas de carne), pero todo por vía de la mejora en la productividad y la mayor oferta forrajera, o sea, de alimento para la hacienda. Esto es parte de lo que se escuchó en la jornada sobre Escenarios y Oportunidades para la Ganadería, que se realizó en el Congreso de la Nación, y de la que participaron varios diputados como Luis Basterra (FpV), Lucio Aspiazu (UCR), Ricardo Chemes (UCR), funcionarios de Agricultura como el subsecretario Alejandro Lotti, la especialista Consolación Otaño, o Daniel Rearte, del INTA, y cantidad de representantes de los distintos eslabones de la cadena cárnica.
La «buena» noticia, según Juan del Río, de AACREA, es que son muy pocos los productores que aplican la totalidad del paquete tecnológico disponible, incluyendo varias técnicas de «costo cero», lo cual dejaría un margen más que interesante de crecimiento potencial, aun con un stock menor al de hace 15-20 años atrás, o aun al de 2007 de casi 58,5 millones de cabezas.
Mercado Internacional
Otro dato interesante, en este caso brindado por la representante de Agricultura, Consolación Otaño, es que de aquí a 2021, la tendencia mundial de los precios es creciente, y si bien todas las carnes van a registrar incrementos, las de más aumento serán la aviar, seguida por la vacuna. Y en este punto surge alguna diferenciación ya que esta última muestra su mayor crecimiento en los mercados de mayor poder adquisitivo, mientras que la aviar va más hacia los más baratos.
En todos los casos, sin embargo, la mayor actividad se registra en los países en vías de desarrollo, tanto asiáticos como latinos.
Por supuesto, se mantienen siempre las amenazas respecto de eventuales problemas sanitarios (aftosa, BSE, etc.), los climáticos, y las restricciones de acceso a los mercados que se deberán ir superando por la vía de la negociación diplomática.
De tal forma, queda claro que la Argentina tiene una demanda doméstica firme que, aunque dista de los picos de los 80/90, registró alguna recuperación y ahora alcanza los 56 kilos por habitante y por año.
También cuenta con un buen mercado internacional que, por el momento, no está abasteciendo ni en sus niveles de precios más altos, como la Cuota Hilton ya de más de 30.000 toneladas (incumplida en los últimos cinco períodos).
Entonces, si por el lado de la demanda están dadas las condiciones, las respuestas hay que buscarlas por el lado de la oferta, y es ahí donde Rearte, si bien fue tajante respecto de las posibilidades de crecimiento del stock por encima de los 54-55 millones de cabezas, fue más optimista a la hora de mirar la producción de carne en función de la productividad.
Es que con una tasa de extracción como la actual, del 25%, un rodeo de 54 millones de cabezas, puede arrojar una producción de casi 2,9 millones de toneladas, si la faena se hace a 380 kilos por animal. Eso, con un consumo de 56 kilos por persona, dejaría para la exportación unas 520.800 toneladas, casi el doble de las apenas 287.000 toneladas exportadas el año pasado.
Pero, con los mismos indicadores, si el peso de faena se lleva a 450 kilos, entonces, el saldo exportable asciende a 1,05 millón de toneladas.
Eficiencia
Y, si además, se lograra elevar la tasa de extracción al 28% (Australia supera el 30%), entonces la exportación podría alcanzar casi el 1,5 millón de toneladas. «Se puede crecer en ganadería sin tener más vacas», sintetizó Rearte, quien también destacó que «lo que define la producción de carne es la eficiencia de la cría».
Y en ese sentido, si bien toda la actividad ganadera se fue desplazando por distintas razones hacia campos menos fértiles y más complicados, la cría sigue estancada en una productividad del 60%-62% en el mismo lapso en que la lechería la cuadruplicó, y la agricultura creció directamente en forma exponencial.
Pero el crecimiento no es automático e, incluso, algunos eslabones de la cadena resisten lo que para el técnico del INTA es la llave de la actividad: «Lo que define el negocio es el precio del ternero, no de la carne», señaló.
Sin embargo, lo que en largos períodos era un axioma sin discusión: que el precio del ternero era superior al del kilo vivo de novillo (ya que es mucho más caro producirlo), en los últimos años se revirtió y no todos parecen dispuestos a aceptar que sin rentabilidad en la cría no hay terneros, y sin éstos, no hay carne.
Y, para elevar esa baja productividad del 60%-62%, faltan inversiones (que no son menores), los mercados deben ser transparentes y creíbles; las expectativas deben ser buenas, igual que la seguridad jurídica, ya que se trata de un negocio de mediano-largo plazo.
Naturalmente, en la medida en que se puedan producir avances de productividad, también se darán las mejoras de competitividad que permitan que la cría pueda enfrentar, con algún éxito, a otras actividades como el tambo (aun con sus bajos precios actuales), o a la agricultura.
Y, tal vez en estas últimas cuestiones, esté la respuesta al planteo de Del Río sobre la relativamente baja adopción de tecnología disponible, aun las de costo cero.


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