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Con Sokurov como gran protagonista se inicia mañana el DocBuenosAires
«Elegía de un viaje», una de las 15 obras de Aleksandr Sokurov que se verán en el DocBuenosAires.
En funciones especiales, «Genpin», de Naomí Kawase, sobre la maternidad que funciona en un bosque, «Ni Alá ni amo», de la tunecina Nadia El Fani, registros del interrogatorio a un canadiense en Guantánamo y de las prácticas de duelo, etc. De origen francófono, «El gran cortejo» (ancianos por la campiña), de Arnaud des Palliéres, cuatro de Francois Caillat, narrador y poeta («La cuarta generación», «Tres soldados alemanes», «El caso Valérie», «Una juventud amorosa»), el suizo «Cleveland vs. Wall Street», otros sobre jóvenes autistas, una lavandería, y un juzgado laboral, entre otros.
De Latinoamérica, algunos premiados en diversas ediciones del Forum de coproducción internacional, como «Lima bruja. Retratos de la música criolla» (Rafael Polar), «Labranza oculta» (Gabriela Calvache, Ecuador), el muy comentado «El edificio de los chilenos» (Macarena Aguiló) y «Nacer. Diario de maternidad» (Jorge Caballero, Colombia). Ahí también están los argentinos «Montenegro» (Jorge Gaggero, sobre un pescador autosuficiente), «Dixit» (A. Chiesa y C.E. Martínez, testimonios de los 70) y «Tata Cedrón, el regreso de Juancito el Caminador» (Fernando Pérez). Un intenso trabajo del español Benito Zambrano (el de «Solas») se destaca dentro de la selección dedicada a los 25 años de la Escuela de San Antonio de los Baños: el amargo «Los que se quedaron», sobre una madre de carácter fuerte que ni comprende ni perdona a su hijo por haberse ido de su lado.
El gran atractivo de este año son los quince trabajos de Aleksandr Sokurov, casi todos en primera proyección en Argentina. Algunos son elaborados a partir de material de archivo, como «Una retrospectiva de Leningrado» que revisa noticieros televisivos de 1957-90. Otros son eglógicos («El último día de un verano lluvioso», vida cotidiana en una aldea rusa), se acercan al teatro de George Bernard Shaw («Indiferencia dolorosa», sobre «La casa de los corazones rotos»), se distancian de los fastos oficiales («Sacrificio de la noche»), integran las series de sonatas y elegías (dedicadas a los ancianos de la calle, el cantante Fiodor Shaliapin cuando todavía no había sido oficialmente perdonado, los músicos Mstislav Rostropovich, su esposa, y Dimitri Shostakovich), etcétera. Pero un tema sobrevuela todos y se hace explícito en tres obras: «Hubert Robert: una vida feliz», sobre el pintor prerrevolucionario, «Necesitamos felicidad», entrevista a dos mujeres del Kurdistán, y «Elegía de un viaje», su propia búsqueda de la felicidad, o al menos de rostros felices, desde Rusia hasta la punta de Europa (detalles, en www.docbsas.com.ar).


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