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Con Stanley Fischer llega la nueva estrella de la Fed
La Fed promete remozarse como pocas veces, pero la política monetaria en curso se mantendrá. El giro fundamental -el "tapering"- se anticipó en diciembre. La primera poda del QE3 -una reducción de 10 mil millones de dólares en las compras de bonos- es el modelo para la reunión del martes y miércoles próximos, la última de la era Bernanke. A partir de febrero las compras mensuales de bonos largos descenderán otro escalón igual para ubicarse en 65 mil millones de dólares. Y si nada grave ocurre -y lo que estiman la Fed y los privados es que la economía acelerará su marcha gracias a una descompresión del ajuste fiscal, y a la inercia vigente- entonces 2014 verá desfilar una sucesión de recortes en las compras, reunión tras reunión, hasta la extinción del QE3 en noviembre.
La Fed está en manos de las palomas y Janet Yellen lo es tanto -o más- que Bernanke. En buena medida porque el mercado de trabajo es el eslabón más frágil de la recuperación y nadie conoce sus entretelas como la excatedrática de Berkeley. Pero la discusión sobre el "tapering" -una de las tres políticas en ejecución, junto a las tasas cero y la comunicación (donde se anota el "forward guidance", la orientación de cara al futuro)- es una plaza fuerte que conquistaron los halcones. De ahí que en el disenso de la última votación se quebrara la tradición reciente: fue una paloma -Eric Rosengren, de la Fed de Boston- quien se opuso a la mayoría que aprobó comenzar el desguace del QE3.
La nueva composición del Comité de Mercado Abierto refleja una aritmética que también favorece a los halcones. Acceden dos presidentes de distrito que militan entre los más duros -Richard Fisher y Charles Plosser- y sólo una paloma, Narayana Kocherlakota, quien tiene el fervor de los conversos a la hora de ventilar su posición, pero un único voto para sustentarla. Fisher favorece un recorte más veloz de las compras de bonos: quiere que la dosis trepe a 20 mil millones de dólares. Sale de la rotación el citado Rosengren quien en 2014 sólo podrá vocear sus discrepancias. Aunque hay que consignar que a la muy hostil Eshter George también le toca el paso al costado.
Según la Fed, la continuidad del "tapering" está atada a una mejoría de las condiciones económicas. Los indicadores reflejan precisamente un sólido repunte en el cuarto trimestre con visos de prolongación, salvo dos únicas excepciones. El temporal inusitado de frío y nieve -el vórtice polar ártico- congeló a medio país, una pausa forzada de carácter extraordinario y no recurrente. Y antes de eso, aunque también rozado por las vicisitudes del clima, el informe laboral de diciembre produjo la sorpresa de una violenta desaceleración: de los 241 mil nuevos empleos de noviembre se pasó a la magra cuenta de 71 mil. En otro momento, por ejemplo, en septiembre, la Fed hubiera suspendido la maniobra hasta recabar más información. Eso cambió. Halcones y palomas han dicho ya que no mudarán de planes por un ave solitaria. La razón, sin embargo, no anida allí, sino en el propio mercado de bonos. En septiembre, el mero anuncio del tapering lo estremecía y al flamear la referencia de las tasas largas provocaba una contracción de las condiciones crediticias. La Fed no quiere rebajar la liquidez y así el tiro prometía salir por la culata. A no confundirse. Es la calma chicha de la tasa larga, que ya no se desvela por ir más allá del 3%, lo que concede luz verde a la segunda aplicación del tapering.

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