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Conmueve a Israel diario de Auschwitz
Esas historias, un reportaje de lo que fue definido como «El corazón del Infierno», se publicaron ahora en hebreo, en coincidencia con el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, el 27 de enero, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2005.
A modo de Virgilio en la Divina Comedia, el autor Zalman Gradowsky (1910-1944), un judío polaco, imagina que toma de la mano a un acompañante del mundo exterior, al que conduce a los suelos más bajos del infierno nazi. El trayecto parte desde los guetos a los vagones atestados de prisioneros judíos, pasando por los campos de exterminio hasta la estación final: las cámaras de gas.
Gradowsky conocía las cámaras de gas porque formaba parte del equipo de reclusos judíos obligados a gestionar el ingreso de quienes iban a la muerte y, una vez cumplida la ejecución, a arrojar los cadáveres a los hornos, una vez que les habían quitado sus dientes de oro, sus anillos y pendientes. Entre los textos recuperados figura el aniquilamiento de miles de mujeres judías checoslovacas.
Últimos instantes
Gradowsky aparece junto a ellas hasta el último momento, cuando desnudas esperan para entrar al búnker donde serán ahogadas con gas. Recoge las últimas palabras lanzadas a los oficiales nazis, los últimos gestos, las últimas intimidades entre una madre y una hija. «En el búnker miles de personas esperan la muerte. Luego surge una canción baja. Los altos oficiales (alemanes) están petrificados. No puedo comprender cómo en el búnker, en el centro de la tumba, en el centro del abismo, en los últimos instantes de vida, en lugar de desesperarse, en lugar de llorar por sus jóvenes existencias truncas, sale una canción», escribió.
«Ahora las voces están afiladas como cuchillos, penetran en el corazón: la masa de muertos vivos está entonando la Internacional...», relató. En otras ocasiones, se escuchará el himno judío «Ha-Tikwa» (La Esperanza) o el himno nacional checoslovaco. Gradowsky describe el horror con precisión. Luego entierra sus apuntes en contenedores de vidrio y de hierro, con el presentimiento de que algún día las fuerzas del mal serán derrotadas.
En sus páginas, Gradowsky se detuvo en el proceso de cremación: aquellos que más resisten al fuego, las llamas que salen por detrás de los ojos. «Luego de 20 minutos, sólo quedan cenizas».
«Querido descubridor -escribió-: sobre todo, busca. Hay decenas de documentos sepultados que arrojarán luz sobre lo que sucedió aquí».
Los documentos
Gradowsky murió en 1944, en un intento de «rebelión». Sus documentos fueron hallados luego de la guerra por agricultores polacos, vendidos a judíos, que los entregaron luego al Museo del Holocausto Yad va-Shem de Jerusalén. Otros documentos quizás están en las vísceras de la tierra.
«Es un texto especial de verdad», dijo el historiador Gideon Greif. Porque además de los testimonios de las ejecuciones, Gradowsky releva una serie de cuestiones religiosas y morales, las mismas sobre las que se debatieron los internos hasta el fin de sus existencias.
Agencia ANSA


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