21 de abril 2014 - 00:00

Contraataque y rebote en Wall St.

No está muerto quien pelea, y Wall Street puja, muerde y no da el brazo a torcer. Los bears ("bajistas") llevan la batuta, pero aun así no pudieron evitar el barquinazo y un pronunciado rebote. ¿Gato muerto? ¿Gato encerrado? Quién sabe. La semana fue corta pero muy rendidora -+2,7%-, la más brillante para el S&P 500 desde julio de 2012 aunque le faltara una rueda.

La reacción de Wall Street, mejor aún, no nació de la grúa de ninguna noticia sobresaliente, sino de las propias entrañas de su retroceso. Lo que se dice un genuino rebote. El NASDAQ -que está en el ojo de la tormenta- encarnó la proeza. Al borde de la corrección del 10% se defendió con uñas y dientes, perforó fugaz en su declive el umbral de los 4 mil puntos, pero lo retomó y apuró un contraataque eficaz. El martes viró en U cuando nadie daba dos dólares por su suerte. Y allí se definió el sesgo alcista inesperado, a contramano del sentimiento que tuvo la semana en la Bolsa.

Contra quién lucha el NASDAQ en estos tiempos vidriosos, no está claro. Es verdad que la valuación se convirtió en tema sensible y ello supone un flanco vulnerable. Pero también es cierto que el temor lo instalaron voces provenientes de la Fed que se acallaron tiempo ha. Janet Yellen, la nueva capitana, habló largo y tendido, con franqueza, y no expuso ningún anatema. El mundo de las transacciones de alta frecuencia es un río revuelto desde que Michael Lewis publicó su libro acusatorio, y se afirma que su comunidad se hundió en un proceso de reducción de riesgos que pudo ser particularmente cruel con las acciones estrella. No escapa a nadie tampoco que los activos con mayor participación en las carteras de los hedge funds hayan caído significativamente más que aquellos papeles que no les interesaron en demasía. Larry Fink, el mandamás de Blackrock (una compañía de inversiones con 4,4 billones de dólares bajo manejo), subraya el papel de los hedge funds en las penurias de las tecnológicas. Mientras un pequeño número de fondos de cobertura se desprendió de ellas con agresividad, los inversores institucionales y minoristas "continuaron añadiendo posiciones". Mucha de la volatilidad reciente se debe "al reposicionamiento de los hedge funds"; los inversores de largo plazo no se inmutaron. Si la valuación importa -y ésa es la cuestión que resalta en lo que va de 2014-, entonces también importa saber -si Fink está en lo cierto- que el dinero institucional no cambió su opinión. Al menos no en la medida que sugiere el tropezón del NASDAQ (y los sectores más golpeados, como biotecnología e internet).

Es interesante notar que los gatillos usuales de reveses en la Bolsa no están presentes. La Fed es amigable, y Janet Yellen más aún. Las tasas cortas no van a modificarse "por un tiempo considerable", ella dixit. La economía se despereza: lo ratifican las ventas minoristas, las encuestas regionales, los indicadores laborales. Los balances vienen con claroscuros, pero lo malo se absorbe y las sorpresas positivas -dado el pesimismo- rinden rédito notorio. Ucrania no es que importe mucho, mas la tregua forjada en Ginebra fue otra excusa para ensayar un simulacro de alivio.

Los bears mandan. Mayo se acerca y el efecto Halloween -que predica vender (sell in May) y mantenerse fuera de la Bolsa hasta noviembre- quita el sueño. El pesimismo se acentúa frente a los hechos consumados, pero no es necesariamente perspicaz. ¿Será que tantos escépticos -subidos todos al mismo bote- no terminarán de naufragar por mero exceso de peso? Según el Hulbert Digest, los analistas especializados en tecnología recomendaban en marzo tener una exposición del 94% en acciones. Hoy, ese submundo particular aconseja una posición negativa. O sea, vender en descubierto para lucrar con el derrumbe del NASDAQ. La previsión perfecta rara vez funciona. El rebote, ágil y escurridizo, en definitiva, se gestó allí. No sólo no está muerto quien pelea. Tampoco nadie muere en la víspera.

Dejá tu comentario