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Corvino pinta la realidad sin caer en panfletos
Corvino observa nuestras calles, rutas, puentes, tomados por cartoneros, piqueteros, manifestaciones clamando justicia o aquellas convocadas y llevadas sin saber exactamente la razón de sus reclamos. No es el oportunismo el que lo lleva a elegir este tema como otros, incómodos, que ya tienen un recorrido de 20 años cuando ganara el Segundo Premio Salón Manuel Belgrano de 1991 y que pertenece al patrimonio del Museo Sívori.
En «Construcción», señalaba por medio de chorreados, espesas texturas, la tierra arrasada y más tarde de siniestras connotaciones, lo que se convertiría en una autopista. «Tomemos coraje y vayan» es una dramática visión de lo que precedía a la guerra de Malvinas y así sucesivamente, tanto a través de pinturas y grabados, los acuerdos y desacuerdos de nuestra política hasta llegar a su pintura actual. Hechos amargos, tristes, aparentemente sin salida: el crecimiento de la tasa de desocupación, la falta de decisión para tomar medidas drásticas y evitar el espectáculo degradante de estos dolorosos reclamos que sólo tienen efímeras respuestas.
Corvino logra plasmar esta realidad sin caer en lo panfletario a través de un gran oficio, de la elección de un cromatismo bajo con algunos parches de azules o rojos vibrantes, formas humanas en el plano, casi un conglomerado sin rostro, espacios vacíos, masas que avanzan, retroceden, luchan entre sí, portan estandartes, capuchas, palos, escenas reales que revelan gran tensión, de efecto cinematográfico.
Estas escenas provocan también gran tensión en el contemplador que, aunque ya acostumbrado visualmente a estas escenas que la televisión registra velozmente, ante el cuadro la mirada cambia. Son imágenes que quedan fijas para alertarnos de que existen, que no podemos desviar la mirada literal y metafóricamente y que nos hacen reflexionar sobre la actitud de muchos artistas en el mundo entero que, aún con estrategias diferentes -Corvino pinta, graba, dibuja- sienten la necesidad de perseguir objetivos similares: «un sitio de confluencia que movilice deseos, voluntades comunes y delinee futuros posibles». Estas ideas, reflejadas por Nicolás Bourriaud en «Estética Relacional», proponen un arte que tenga «como horizonte teórico la esfera de las relaciones humanas y su contexto social».
No está exenta de ironía «Nos vamos para arriba», que alude a las construcciones clandestinas en altura de las villas, de dramático contenido y que los gobernantes califican como «imagen del progreso». Corvino observa, plantea esta realidad y como señala Norberto Griffa en el texto del catálogo «estas imágenes nos muestran la otra cara de la vida urbana, la que oculta la paz burguesa que trabaja por debajo como un volcán con sonidos que se sienten en la lejanía o erupciones que arrasan todo».
Clausura el 20 de junio.
Fernando Ras
En Galería Palatina (Arroyo 821) se exhibe «Arquitectura del Progreso 1890-1930», fotografías de interiores de edificios construidos durante ese período que reflejan el espíritu del primer centenario. Su autor, Fernando Ras (Buenos Aires, 1953), educado en su ciudad natal y en Estados Unidos, es graduado en Política Económica, diplomático de carrera y estudió fotografía en Tokio con el artista canadiense Tim Porter entre 1999 y 2004.
Interesado por la arquitectura desde su niñez, Ras señala que no busca la recreación del pasado sino que intenta dar una interpretación de lo que querían decir aquellos hombres y mujeres que los mandaron construir, los que los diseñaron y los que efectivamente los construyeron. Ras relata parte de la historia de nuestro país a través de edificios emblemáticos, de una época de extraordinario progreso, energía, vigor y confianza en el porvenir.
Analógicas, la elección del color sepia «contribuye a situarlas en el tiempo», en copias de 30x40 cm, columnas, rincones, ángulos especialmente buscados, escaleras, que invitan a acercarse para captar cada detalle que enfatiza la técnica depurada y la ausencia de artificio. Fragmentos arquitectónicos del Teatro Colón, de la Cancillería Argentina, del Congreso, del Palacio San Miguel, la Catedral de Mar del Plata, la Bolsa de Comercio, de la Biblioteca Nacional del Maestro, del Edificio Barolo, entre otras arquitecturas, íconos de nuestro patrimonio cultural.
Bellas imágenes, un llamado de atención para la preservación de estas obras construidas por argentinos que pensaron en un futuro de grandeza.
Clausura el 2 de junio.


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