- ámbito
- Edición Impresa
Crear riqueza luego permite incluir
Orlando Vignatti - Presidente del diario Ámbito Financiero
La novedad es la revisión de lo que parecían principios básicos del Gobierno desde 2003 en varios terrenos, de lo cual es el mayor ejemplo el recorte de los subsidios a los servicios públicos. Era el desafío más serio del proceso político, porque la crisis que heredó el ciclo Kirchner parecía necesitar el auxilio de las tarifas bajas para la actividad productiva, así como era necesario aliviar el bolsillo, tan castigado entonces, de los consumidores.
La revisión de esa matriz era ya necesaria, con todo, pasada la emergencia, para que el peso del sistema de subsidios no terminase agobiando al Estado como lo hizo en décadas anteriores la deuda pública. Si no mediaba esa revisión, el camino que se había elegido para permitir la recuperación podía haberse convertido en otro de esos dramas nacionales.
Conviene centrar la mirada en este punto de la nueva agenda, revelador de una de las tensiones más serias por resolver para el éxito del actual ciclo. Es la que existe entre dos objetivos irrenunciables en una democracia avanzada: la inclusión social y la distribución del ingreso.
En la última conferencia que dio en la Capital Federal, el gobernador Jorge Capitanich enumeró, asimismo, otras dos tensiones que será necesario superar en el futuro inmediato. Son las que se dan entre gobernabilidad y calidad institucional, por un lado, y entre estabilidad macroeconómica y crecimiento, por el otro.
¿Es posible imaginar un futuro sostenible en todos los terrenos si el país no termina de completar la agenda social de la inclusión? Seguro que no. ¿Pero es posible una distribución de la riqueza sin que medie antes su creación? Esta tensión señalada por el mandatario chaqueño es la principal, y de su superación dependen las de las otras dos.
Entender la relación entre uno y otro polo de esa dicotomía es clave para comprender que es la condición para superar las otras dos tensiones. También para dimensionar el tamaño del desafío del nuevo mandato, para el cual Cristina de Kirchner ha pedido un «capitalismo en serio». Cabe en este punto atender a un párrafo que pasó inadvertido para muchos del discurso que dio en Tierra del Fuego en noviembre último: «La protección que puede tener una licencia automática o cualquier otra medida de las que hemos instrumentado también para defender el trabajo nacional -afirmó la Presidente- no pueden ser medidas eternas, porque finalmente terminan perjudicando a la propia competitividad de la empresa, que fue el gran tema durante los años 50 y 60. La excesiva protección durante mucho tiempo torna a las empresas no competitivas porque, basadas en esta protección, dejan de avanzar. La competencia es también, como en todos los órdenes de la vida, desde lo personal hasta lo comercial e industrial, un ariete, un acicate, un incentivo para que cada uno se perfeccione más, y la industria también necesita eso».
Esta crítica al proteccionismo extremo como causa de la falta de competitividad es otra de las claves del nuevo tiempo y supone un giro respecto de lo que se venía proponiendo en la última década. Es una advertencia saludable, que llama a empresarios y sindicalistas a entender que cualquier acuerdo al que lleguen tiene que resguardar la competitividad de la economía, única forma de asegurar la creación de la riqueza que, después, se va a repartir para lograr el objetivo de la inclusión, impostergable en un país rico, con habitantes talentosos que tienen derecho a una vida mejor.
Resguardar las condiciones para crear la riqueza que, con posterioridad, se puede repartir, es el esfuerzo más importante que enfrenta el nuevo ciclo. Más herramientas para el crédito, una legislación laboral que no agobie ni ahuyente las inversiones, la creación de un clima de confianza que aliente proyectos de largo plazo, la apertura inteligente de la economía al mundo y la sinceridad en las consignas son los elementos que permiten, aquí y en cualquier lugar, el logro de aquellos objetivos.
Otra de las claves es también crear las condiciones para que vuelvan al circuito ahorros de argentinos que salieron del sistema por desconfianza, para lo cual es necesario algún mecanismo de blanqueo que le asegure a quien retorna capitales que no será un perseguido de por vida. El éxito del anterior blanqueo puede darle la confianza al nuevo Gobierno de que se trata de un procedimiento útil y legítimo, como quedó demostrado. Será una prueba de confianza del ahorrista en el futuro del país y un alivio para la Tesorería. Pero será, antes que nada, una prueba de la seguridad con que miran los inversores el futuro del país.
Éstos son los desafíos de la hora. Afrontarlos con decisión es el camino más corto hacia el éxito.


Dejá tu comentario