20 de abril 2015 - 00:00

“Crecí en una familia respetuosa de todo estilo de música”

Para Kuusisto, “hace más de cien años que se está anunciando la muerte de la música clásica, pero todavía estamos aquí”.
Para Kuusisto, “hace más de cien años que se está anunciando la muerte de la música clásica, pero todavía estamos aquí”.
Pekka Kuusisto, el joven y carismático violinista finlandés recordado por su actuación junto a la Britten Sinfonia para el Mozarteum hace cuatro años, volverá a presentarse en el Colón ante el público de esta institución también en calidad de solista y director, aunque esta vez al frente de otro prestigioso ensamble: la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen. Tanto esta noche como el miércoles, Kuusisto interpretará el Concierto para violín de Magnus Lindberg (2006) y el n° 5 de Mozart. El programa de hoy se completa con la obertura de la ópera "Così fan tutte" de Mozart y la Sinfonía N°1 de Beethoven, y el del miércoles con la obertura de "Las criaturas de Prometeo" de Beethoven y la sinfonía n° 40 de Mozart. Dialogamos con Kuusisto:

Periodista: Por razones obvias, un ensamble toca numerosas veces las mismas obras en una gira. ¿Cuál es la clave para que esa repetición no se vuelva una rutina?

Pekka Kuusisto:
En esta gira tenemos repertorio suficiente como para que siempre haya combinaciones diferentes. Volviendo a la pregunta, hay tantas cosas para descubrir en estas obras que nunca se siente que se probó todo lo que se podía intentar en ellas.

P.: ¿Qué aspectos del concierto de Lindberg le resultan más interesantes?

P.K.:
Creo que es uno de los tres o cuatro grandes conciertos escritos para el violín en lo que va del siglo XXI. Tiene elementos del folklore de Finlandia, pero es una pieza extremadamente colorida, en la que el papel del solista cambia mucho: a veces estoy controlando a la orquesta y motivando los cambios en el clima, y otras la orquesta es mi jefe y yo lucho contra los vientos y trato de sobrevivir en medio de ella. Es muy heroico, tiene mucho humor y drama, es como un viaje.

P.: ¿Tuvo oportunidad de trabajar con el compositor?

P.K.:
Sí. La obra no fue escrita para mí, pero la toqué muchas veces. Hablamos mucho de ella. Lindberg es un compañero muy alegre e innovador, siempre es inspirador trabajar en su música y obtener ideas de él.

P.: ¿Cuáles son las mayores ventajas y desventajas de ser solista y director al mismo tiempo?

P.K.:
Lo mejor es que la música se siente siempre como de cámara. Cuando hay un gran director la orquesta instintivamente le deja gran parte de la responsabilidad a él, especialmente en una obra contemporánea con algunas trampas, como el concierto de Lindberg. Si no hay un director, cada miembro de la orquesta asume la responsabilidad y sabe perfectamente dónde está, qué sucede, cuándo tocar y cuándo no. Esto crea una atmósfera de energía difícil de conseguir cuando hay un director. Obras como el concierto de Mozart siempre se tocaban sin un director, en cambio hacer obras contemporáneas sin director es un poco riesgoso; sin embargo siempre es emocionante y divertido. Lo peor es que en esas circunstancias tocar el violín no se hace más fácil; por ejemplo en el concierto de Lindberg hay muchos pasajes extremadamente desafiantes, incluso cuando los estudio en casa, completamente concentrado, y luego en numerosas oportunidades tengo que olvidar lo que estoy tocando para concentrarme en estar comunicado con un integrante o una sección particular de la orquesta, y en esos casos tengo que disociar lo que sucede en mis manos con lo que sucede en mi cabeza. Cambia mucho la forma en la que se maneja el instrumento, e incluso puede ser muy liberador.

P.: ¿Cómo se definiría como artista y músico?

P.K.:
Soy muy afortunado de haber crecido en una familia en la que se respetaba la música de todos los estilos, de manera que cuando era muy pequeño, por ejemplo, ya mi padre y mi hermano me fueron enseñando a improvisar, tocábamos jazz, mi padre escuchaba discos de música sinfónica, ópera, jazz y rock. A veces me resulta difícil enfocarme durante mucho tiempo en una sola cosa. Hay tanta gente interesante con la que trabajar y tantas cosas con tanta riqueza.

P.: ¿Cree que la música clásica debe cambiar algunas cosas para atraer a nuevo público?

P.K.:
Supongo que sí. A veces en la discusión sobre el tema algunas personas parecen querer decir que hay algo malo en el público que ya existe, y creo que eso no es agradable. Mucha de la música que tocamos, como Brahms o Beethoven, requiere una maduración que viene con el tiempo. Alex Ross, el crítico, trató el tema de "la muerte de la música clásica" como una de las más largas tradiciones de esta música: hace más de 100 años que se está anunciando esto, pero todavía estamos aquí. Todas las nuevas ideas son bienvenidas, pero no quiero sonar histérico ni ofender a la gente que ha estado viniendo a los conciertos desde hace décadas. Es una época muy interesante, por las nuevas posibilidades que el acceso a la información on line proporciona, las nuevas tecnologías. Y también en el futuro sé que tendremos muchas formas diferentes de experimentar un concierto, con información sobre el compositor y análisis teórico de la música disponible mucho más allá del pequeño trozo de papel que le dan a uno en el concierto. Pienso que habrá maneras interesantes de hacer que la gente se meta en la música de una manera más profunda.

Entrevista de Margarita Pollini

Dejá tu comentario