27 de mayo 2013 - 00:00

Cristina, 13 meses y dos palcos “K”

El escenario del 25M mostró un perfil institucional y le dio lugar al peronismo vía gobernadores y sindicalistas, justamente las figuras que no fueron invitadas -o fueron relegadas- al palco de Unidos y Organizados el 27 de abril de 2012 en la cancha de Vélez. Un puzzle que con las mismas piezas puede derivar en imágenes diferentes o, incluso, antagónicas.
El escenario del 25M mostró un perfil institucional y le dio lugar al peronismo vía gobernadores y sindicalistas, justamente las figuras que no fueron invitadas -o fueron relegadas- al palco de Unidos y Organizados el 27 de abril de 2012 en la cancha de Vélez. Un puzzle que con las mismas piezas puede derivar en imágenes diferentes o, incluso, antagónicas.
Entre una foto y otra pasaron trece meses. El primer flash retiene el 27 de abril de 2012, en cancha de Vélez, y muestra en primer plano, como custodios políticos de Cristina de Kirchner al kirchenrismo puro encarnado por La Cámpora y los movimientos sociales, ex piqueteros.

La segunda instantánea congela el palco del sábado último y refleja que el protagonismo orbital -el centro de la escena en las dos ocasiones fue de la Presidente- lo retuvo el buró peronista, la volátil cofradía de gobernadores, alcaldes del conurbano y jerarcas gremiales.

El ejercicio de sobreponer las dos fotos dice mucho: algunas figuras se repiten, pero prácticamente ninguna de los top de Vélez, donde irrumpió Unidos y Organizados (UyO), se destacaron en el palco de la "década ganada".

Otras, ausentes en el show de abril, este fin de semana lucieron como edecanes al lado de la Presidente. La mayoría de los que pisaron los dos palcos ocupan, como en una escenografía pendular, posiciones diferentes.

Tres referencias:

En Vélez, los gobernadores -la asistencia fue escasa: Daniel Scioli, Sergio Urribarri, José Luis Gioja, ente ellos- se perdieron en el tumulto, a los bordes de la tercera hilera de sillas o relegados al fondo. El sábado, la fila detrás de Cristina fue para los caciques provinciales, con altísima visbilidad -premeditada o por error- de Juan Manuel Urtubey, gobernador de vínculo ambiguo con Olivos, y Gildo Insfrán, un aliado tan sólido como incómodo para Cristina. Ni el salteño ni el formoseño estuvieron en Vélez. Sergio Urribarri, el gobernador que más simpatías genera en UyO, aquella vez tuvo un sitio regular y el sábado estuvo pegado a la residente.

El scrum que escoltó a Cristina en el lanzamiento de Unidos y Organizados no estuvo al escenario mayor del 25M: ni Emilio Pérsico, jefe del Movimiento Evita, ni Andrés "Cuervo" Larroque, bendecido como ordenador mayor de La Cámpora ni Edgardo Depetri, del Frente Transversal. La mayoría quedó con sus columnas. Larroque y Depetri en el palco secundario.

Máximo Kirchner, que en Velez fue ubicado en un estratégico segundo plano detrás de su madre y de Larroque (fue su presencia más notable en un acto político en 10 años), en la celebración de la jura de su padre, quedó a un costado, detrás de Amado Boudou y Beatriz Rojkes, al lado de Alicia Kirchner que en el lanzamiento de Unidos y Organizados figuró en la primera fila.

Sesgos

El acto de Vélez tuvo una impronta rupturista, otorgó a La Cámpora el mayor protagonismo -para la agrupación juvenil se reservó la tribuna ubicada frente al escenario y con mayor capacidad: 20 mil personas- al tiempo que limitó la presencia de intendentes y sindicalistas del PJ.

El PJ lo vio como una provocación, casi como una declaración de guerra de las nóbeles tropas K, con el inocultable consentimiento de Cristina, a la convencional y ortodoxa tropa peronista. La advertencia de que el "vamos por todo" que la Presidente había pronunciado unas semanas antes en Rosario podía incluir a varios de los barones del PJ.

La presencia, si se quiere institucionalizada, en el palco del 25 de mayo no significa que el kirchnerismo no tenga en sus planes, cuando pueda -si puede- desplazar a referentes del PJ. El caso puntual es Scioli, a quien apenas un mes y medio atrás, se excluyó de una cumbre de Gestar en Paraná, Entre Ríos, sometido a un ADN público de pureza cristinista por parte de Urribarri, el anfitrión.

Los palcos, bien mirados, pueden entenderse como parte de un puzzle donde cambia la posición de las piezas y que, fractal, según como se ordene ofrece resultados diferentes.

La lectura lineal, con antecedentes del pasado cercano, explica que el kirchnerismo se expande y confronta con el sistema político que lo sostiene -los gobernadores, los gremios, los intendentes- en épocas no electorales y se reconcilia, o los vuelve a cobijar, cuando se acerca la hora de las urnas.

Lo hizo Néstor Kirchner en 2004 cuando lanzó el setentismo de la mano de Carlos Kunkel en la Costanera. Y lo repitió con la transversalidad en 2006. En las dos ocasiones, 2005 -para enfrentar a Eduardo Duhalde- y 2007, para hacer presidente a Cristina, reflotó las alianzas tácticas con el poder territorial.

Cristina fue más brusca y menos protocolar. Tardó casi un año en recibir a los alcaldes del conurbano -lo hizo recién el 17 de octubre pasado- y sólo ante el riesgo de acefalía del PJ aceptó habilitar, encorsetado y formal, al Consejo del peronismo nacional.

Fue en aquel contexto que irrumpió Unidos y Organizados como la vanguardia del "vamos por todo", con acceso restringido y certificado de pertenencia K y exigencias de alineamiento absoluto.

Dobles

Los dos palcos de Cristina, el de abril y el del sábado reflejan los antiguos vaivenes. El del 25M, (a diferencia del que montó la Casa Rosada el 10 de diciembre que excluyó al grueso de los mandatarios) genera el espejismo de que el péndulo anticipa una etapa de "contención" ante la inminencia del cierre de listas que opera dentro de 25 días, la que puede ser la última vez que Cristina tenga el control pleno en la confección de las boletas.

Lo que no muestra el palco es la plaza y las calles. El despliegue de las organizaciones juveniles y sociales, alguna vez llamado "grupo Vélez" fue el más potente: aportó, según sus números, más de 100 mil personas, encabezados por los 40 mil militantes de La Cámpora. En pocos días, la calle y escenario del 25M serán sometidos a un proceso de fusión.

Cristina tendrá que definir, con una fórmula de compensación, el peso que otorga a cada uno de los palcos.

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