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Cristina cancela vacaciones: no quiere alejarse de Olivos
Cristina de Kirchner saludó, anoche por fin de año con un mensaje grabado y a través de Cadena Nacional. A esa hora, ya estaba recluida en Río Gallegos.
Recibirá, en familia, el nuevo año. No tiene previsto, se confió en su cercanía, viajar a El Calafate, donde tiene la residencia en la que, dos meses atrás, falleció su esposo. Es más: tiene agendado regresar el domingo por la noche, o el lunes, temprano.
En Gobierno, se especuló con que -como han hecho los Kirchner desde que están en el poder- la Presidente se tomaría unos días de descanso a principios de mes. Ayer, el vocero Alfredo Scoccimarro lo negó y afirmó que la Presidente regresará, tras las Fiestas, a Olivos.
Dos factores, se confió en Balcarce 50, incidieron para que, a priori, la Presidente decidiera pasar sólo el fin de semana largo en Santa Cruz. Uno de carácter anímico: en Río Gallegos, se dijo anoche, confiesa «padecer más intensamente» la ausencia de su marido.
De hecho, se resistió sistemáticamente a regresar a El Calafate y, en cada viaje al Sur, eligió como destino la propiedad que compraron, con su marido, en Río Gallegos.
Tensiones
El otro componente es político. Tras un fin de año agitado, en el que digitó -casi en soledad- cambios en el Gobierno y enfrentó episodios críticos, la Presidente no quiere alejarse del centro del poder. Hay, además, tensiones internas en su gabinete.
A sus ministros les avisó que sólo podrán tomarse vacaciones los fines de semana. Ella, en cambio, planeó su gira por Qatar, Kuwait y Turquía casi como un viaje personal: tendrá actividad oficial, pero también pautó recreos para compartirlos con su hija Florencia, a quien llevará al viaje.
El fin de año, plagado de imprevistos y conflictos, forzó a la Presidente y a su círculo más próximo a revisar los pronósticos que hacían apenas un mes atrás, cuando, tras la muerte de Kirchner, la imagen presidencial trepó más de 10 puntos, al igual que el respaldo al Gobierno.
Por entonces, en Casa Rosada se daba por «cerrado» 2010, se pronosticaba un verano manso y se planificaba para fines de febrero o principios de marzo reanudar la actividad política intensa, ya con tiempo de descuento hacia las primarias del 14 de agosto, que obligan a presentar candidaturas en junio.
Pero ese tránsito pacífico se trastrocó, primero, con la toma del Indoamericano, que se agudizó con contagios en otros terrenos, siguió con los incidentes en Constitución y tuvo un cierre para el olvido con los cortes de luz, la falta de combustible y la ausencia de billetes.
La responsabilidad sobre esos conflictos abarca a casi todo el Gobierno: de Julio De Vido, figura que quedó fortalecida tras el golpe que sufrió Aníbal Fernández, a Amado Boudou y, también, a Nilda Garré y el jefe de Gabinete.
En ese proceso se rompió, también, la tregua implícita que el peronismo le otorgó a la Presidente en el período de duelo: Juan Schiaretti, el gobernador de Córdoba, reprochó desatención de la Casa Rosada y rechazó una sugerencia presidencial de acoplar las elecciones cordobesas con la fecha nacional.
La rebeldía del cordobés, que el kirchnerismo atribuye a un frustrado deseo del gobernador de entrar en la carrera por la vice del PJ en 2011, esconde otra lectura: la queja de Schiaretti, que ha tenido un vínculo ambiguo con los Kirchner, expresa un descontento, presente en sectores del peronismo, por la «inaccesibilidad» de la Presidente.
En paralelo, explicita otro factor: el cordobés ha roto o pactado con los Kirchner en función de la conveniencias que, estar lejos o cerca de
la Casa Rosada, le implicaban entre los votantes cordobeses.
Cambio de tendencia
La última bravuconada del gobernador confirma que el repunte de Cristina de Kirchner, que fue más que notable en provincias reacias como Córdoba y Santa Fe, cambió de tendencia. Ya se había amesetado antes del Indoamericano; luego de la secuencia de conflictos, habría experimentado un retroceso.
Una vez más, en Gobierno creen que la tensión se diluyó: que el desalojo pacífico del Club Albariño y la normalización, que se completaría durante el fin de semana, en materia de energía -cortes de luz y provisión de combustibles- cerraron esta minitemporada difícil.
Sin embargo, la Presidente no quiere recreos. La semana próxima podrían seguir los coletazos respecto de la electricidad y, todo indica, recién a media semana se normalizaría el acceso al combustible. Son tiempos, además, de recelos e intrigas en el gabinete. Demasiados cabos sueltos como para profundizar la ausencia del antiguo «jefe» con su propia ausencia.


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