16 de mayo 2011 - 09:54

Cristina-Moyano, en busca de una tregua condicionada

• La mano del «Caballo».
• Contrapresiones.
• Dos citas dos.
• Lo que quiere el camionero.
• La última chance

Las risas entre Cristina de Kirchner y Hugo Moyano, símbolo de una cordialidad por estas horas ausente.
Las risas entre Cristina de Kirchner y Hugo Moyano, símbolo de una cordialidad por estas horas ausente.
Cristina de Kirchner quiere «paz social» hasta las elecciones. Hugo Moyano tiene, con el mismo calendario, otra pretensión: que la Casa Rosada lo asuma como actor político y le conceda, además de cobertura para eventuales horas duras, representación electoral.

La Presidente cree que Moyano, por acción y omisión, contribuyó a la secuencia que caotizó, en varios rubros, el país en las últimas semanas. Y considera que, como jefe de la CGT, debió intervenir para evitar que esos episodios adquieran semejante dimensión.

Lineal, el camionero sobrevuela esos conflictos. Carece, en cierto modo, de autoridad: ¿cómo reclamar a los petroleros de Santa Cruz que frenen bloqueos si su hijo, Pablo, hace lo mismo con las refinerías del Gran Buenos Aires? Pero, sobre todo, sostiene que esa tarea debe tener una contraprestación.

En ese punto de crisis, luego de la parrafada de la Presidente en José C. Paz, la construcción de una tregua entre el Gobierno y el moyanismo choca contra los términos que establece cada parte: para contribuir a la calma, Moyano pide una negociación a la que, por ahora, Cristina de Kirchner se resiste.

Hay, entre otras, una razón aleccionadora. Aunque la diatriba de barricada de la Presidente tuvo como blanco móvil al jefe de la CGT, la perdigonada también fue una advertencia para los Bancarios, la UOM o Alimentación, que encaran discusiones brutales con sus patronales.

Entre viernes y sábado, dos hechos certificaron aquella incompatibilidad coyuntural. La mesa chica del moyanismo acordó mantener activas sus demandas y ratificó el mecanismo de, llegado el caso, imponer bloqueos y agitar reclamos en áreas sensibles.

Un día después, al margen de la sugerencia médica de no someterse a la baja presión de Asunción, la Presidente desistió de viajar a Paraguay porque temió que la aceche un conflicto patrocinado por Omar «Caballo» Suárez, jefe del SOMU, alineado con el camionero.

Suárez quiere extender su dominio sindical hasta Paraguay. Hasta creó, allí, un gremio propio: se llama SOMUPA y como método de protesta, dispuso que no se asista a los buques con bandera paraguaya y a los que provienen o se dirigen hacia ese destino.

El Centro de Armadores Fluviales y Marítimos (CAFYM) cuantificó en u$s 300 millones las pérdidas del comercio exterior paraguayo por el paro del SOMU. Esa disputa bilateral pudo haber contaminado la estadía festiva de la Presidente en el bicentenario del Paraguay.

Suárez habita el universo Moyano al igual que Rubén Fernández, de UPSA, que impidió vuelos de Aerolíneas Argentinas. No levantó el teléfono. Vandorista al fin, el camionero no conoce otro modo de convivencia que el de apretar para negociar. Cristina de Kirchner, en otro proceso, se resiste.

«¿Los piqueteros hacen piquetes para pedir lugares en las listas?», retórico, un dirigente de ADN K, de buen diálogo con el jefe de la CGT, advierte sobre esos errores. La pregunta, argumental, encontrará émulos en la Casa Rosada entre los críticos del camionero.

Pero Moyano tiene motivos: lanzó la Corriente Sindical, motorizó la Juventud Sindical y montó un show de más de 300 mil personas en la 9 de Julio. ¿Cuál es, según su criterio, el precio político de ese despliegue? La vice bonaerense y 12 diputados nacionales, 5 por Buenos Aires.

El dos de Daniel Scioli le está vedado. Las butacas nacionales serán muchas menos. Lo intuye, pero nadie le dice que sí ni que no porque Cristina de Kirchner reconfiguró el diálogo bilateral al designar a Carlos Zannini como interlocutor. Además, las pocas veces que habla, no obtiene respuestas.

Moyano espera, antes del jueves, alguna señal. Ese día, en La Plata, el peronismo hará doblete: antes de la cumbre del Consejo del PJ nacional, que preside Scioli -la cita será en gobernación-, se reunirá el PJ bonaerense que conduce el camionero, que es, a la vez, vice del nacional.

La agenda es formal -convocar los congresos partidarios para delegar en los consejos el poder para sellar alianzas-, pero el tono y la concurrencia tendrán, per se, valor simbólico. Un caso: Omar Viviani, que postuló a Sergio Massa contra Scioli, es consejero nacional. Anoche se anticipaba su ausencia.

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