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Cristina pidió apoyo y avisó:“Los votos se cuentan de a 1”
Salvo los de Cristina de Kirchner y Hermes Binner ayer, el cierre de la campaña para las primarias prácticamente carece de actos: caminatas, cenas con militantes, charlas con vecinos o hasta una misa se convirtieron en las actividades finales antes de la elección del domingo. Un cambio de los tiempos: por costos, por temor a descontrol y porque no cumplen ya el rol de trasmitir popularidad o poder, los actos quedaron relegados e incluso los que se realizan suelen ser acotados, con estética cuidada, más pensados para la trasmisión de TV que para los que asisten, en persona, al encuentro.
La fórmula del oficialismo que integran Cristina de Kirchner y Amado Boudou cerró ayer su campaña para las primarias del domingo en un acto con dirigentes en el teatro Coliseo de la Capital Federal.
Con un mensaje cargado de euforia, con el clásico giro autorreferencial de la Presidente y los inevitables climas emotivos sobre Néstor Kirchner, Cristina de Kirchner cerró ayer la campaña para las primarias con un mensaje optimista pero, a la vez, un llamado de atención a la tropa propia.
Delegó, en una conducta sintomática, el habitual enunciado de lo hecho en el septenio K en su candidato a vice, Amado Boudou, que cumplió con prolijidad ese oficio. Fue, luego, elogiado por la Presidente: consideró que «esté donde esté, él» estará tranquilo por la postura de Boudou.
Armado contra reloj, con estética pulcra y nulas -al menos para la trasmisión televisiva- referencias al peronismo, el show de cierre de campaña terminó por reunir a todo el kirchnerismo: además del gabinete -que en algunos casos son, además candidatos como Roberto Feletti y Julián Domínguez-, estuvo la fórmula oficial bonaerense que integran Daniel Scioli y Gabriel Mariotto.
Un dato para anotar: Mario Ishii, el rival de Scioli en la interna por la gobernación -que contó con respaldo, aportes y logísticas de los K- no estuvo en el teatro Coliseo. Hugo Moyano, Hebe de Bonafini y Luis DElía formaron parte también de los invitados.
Y gobernadores varios: José Alperovich de Tucumán, Sergio Urribarri de Entre Ríos, Jorge Capitanich del Chaco, Juan Manuel Urtubey de Salta, Maurice Closs de Misiones y Daniel Peralta de Santa Cruz, entre otros.
Unidades
Tras dejar que fuese Boudou quien hiciera las menciones críticas sobre otros partidos, Cristina de Kirchner dijo que su intención es convertirse en la «Presidente de la unidad».
Vistió ese objetivo como un sacrificio o una ofrenda. «Estoy en un momento muy especial de mi vida. Nos dividieron, nos enfrentaron, pero en este momento tengo una inmensa serenidad y mucha firmeza. Cuenten conmigo para lo que resta hacer en esta Argentina», dijo.
Evitó confrontar pero reclamó a la oposición que colabore con lo que «se hizo bien». En ese mismo tono, con suficiencia, pidió no «enojarse» con quienes «tal vez no entienden» los beneficios del modelo puesto en marcha desde 2003.
Su base argumental, que siempre tuvo como eje el pasado argentino, ahora encontró soportes en el exterior: habló de la crisis en EE.UU., Europa y dijo sentirse emocionada cuando vio que en las movilizaciones en Chile, los estudiantes pedían educación gratuita como en la Argentina.
Fue ese expediente, excusa para llegar a Kirchner. «Hoy mucha gente en todo el mundo siente que el Gobierno no los representa, que sus intereses son diferentes de los gobernantes. El gran mérito de él fue construir en esta Argentina devastada moralmente la confianza del pueblo en sus gobernantes».
Grande
Pero el tramo más emotivo, donde lagrimeó y contagió ese llanto -hasta Boudou pareció llorar-, fue el que le dedicó a Kirchner. En la construcción diaria del mito, ayer sumó un relato que hasta ahora no había explorado: atribuyó su muerte a los esfuerzos por defenderla.
«Tenía un corazón tan grande que no le entró en el cuerpo», dijo. «¡Que cabeza y qué corazón que tenía! Tan grande que no le entró en el cuerpo. Estalló de tanto pelear por mí, de tanto defenderme», sostuvo la candidata y desató una ovación entre los más de 2.000 invitados especiales.
Antes había hecho otra referencia a su esposo muerto cuando, también en respuesta a unos cánticos, habló de los «soldados del Pingüino».
Las menciones, recurrentes a Kirchner, hasta detonaron un pedido de disculpas de la Presidente que habló de que su discurso parecía una «sesión de terapia». Después lloró, repartió besos y saludos. Aun en campaña, Cristina de Kirchner mantuvo ayer su look negro. El luto continúa.


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