Cristina, primera en saludar al Papa

Edición Impresa

Ciudad del Vaticano - Cristina de Kirchner se fue ayer de Roma con la tranquilidad de haber monopolizado el primer lugar en el protocolo durante todos los actos que rodearon el inicio oficial del papado de Francisco.

Ayer volvió a protagonizar en la Plaza San Pedro y no sólo por la ubicación: salvo por Giorgio Napolitano, el presidente italiano que estuvo a su lado, tuvo ayer la mejor ubicación frente al Papa y luego fue la primera mandataria en saludarlo y despedirse.

La delegación argentina ocupó ayer largamente mucho más lugar que la de otros países. Desde la cuadrícula con cinco filas de asientos que le fue asignada por el Vaticano a la Argentina (con custodia de Guardia Suiza incluida), Cristina de Kirchner desplegó toda la actividad de esa mañana.

La Presidente se paró, saludó a lo lejos, tuvo encuentros con otros invitados y hasta hubo tiempo para algunas señales a los diputados y senadores argentinos que estaban en otro palco, pero cerca de ella y también en primera fila, como pidió el Gobierno.

En esta ocasión, y aunque ya no se lo use demasiado, el protocolo Vaticano pidió velo para las mujeres y traje negro para los hombres. De acuerdo con esos códigos, sólo las reinas católicas tienen habilitado el uso del color blanco, como lo utilizaron ayer monarcas de casas europeas. Cristina de Kirchner usó el color negro, pero le dió un giro a la sugerencia vaticana y apareció en la plaza San Pedro nuevamente con un pequeño sombrero en lugar del velo, algo que fue aprobado por los especialistas romanos en el tema. Cumplió, además, mucho más que otras jefas de Estado: ni la brasileña Dilma Rousseff, ni la alemana Angela Merkel se cubrieron la cabeza.

Junto a ella se ubicaron Héctor Timerman, Julián Domínguez y Ricardo Lorenzetti; detrás de ella Omar Viviani, José Ignacio de Mendigueren, Aníbal Fernández, Alicia Oliveira, Antonio Caló, Guillermo Oliveri, secretario de Culto y Ricardo Alfonsín. En la misma zona, pero más alejados, tenían palco Felipe de Borbón y su esposa Letizia y la alemana Merkel.

Conquista

Antes del comienzo de la misa hubo saludos con las delegaciones que tuvieron ubicaciones vecinas. Viviani, por ejemplo, (con corbata azul y grana para conquistarse al Pontífice) fue custodio del saludo entre Cristina de Kirchner y Máxima Zorreguieta (dentro de unos 40 días reina de Holanda) y su marido Guillermo de Orange.

Al final, tras haber escuchado la misa en latín, el protocolo del Vaticano le anunció a Cristina que debía dirigirse a la basílica para encabezar la procesión de las 132 delegaciones que saludaron a Francisco frente al baldaquino de Bernini que cubre el altar mayor de San Pedro.

Ese saludo final fue, como el día anterior, con alguna lágrima de por medio, pero más rápido y nada despojado de protocolo. De allí la Presidente partió al hotel Eden donde la esperaba una audiencia con el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, José María Arancedo a la que se había invitado a Timerman y a Olivieri. En ese encuentro de media hora se habló de la elección de Jorge Bergoglio y la situación de la Iglesia, pero nadie en ese encuentro estaba en condiciones de adelantar nada sobre el Arzobispado porteño.

Tras esa reunión, hubo una visita al hotel Exelsior para un breve encuentro con Rousseff y de allí la delegación partió al Fiumicino para iniciar el vuelo en dos escalas, previo retiro del Tango 01 en Marruecos, hacia Buenos Aires.

Dejá tu comentario