La citación del juez, en una causa que en el mundo judicial y político observa frágil y amañada, germinó al principio como un golpe político, pero amenaza con mutar hoy -eso espera el clan K- a un episodio vindicativo de la expresidente. "La podemos victimizar", se lamentó un operador PRO que charla con jueces y fiscales.
El regreso, en las primeras 36 horas, le devolvió centralidad a la expresidente y hoy, si se cumplen los pronósticos de los organizadores, saldrá del despacho de Bonadio y tendrá listo un escenario y un micrófono para hablarle a una multitud que calculan de más de 50 mil personas.
Ayer, estaban en marcha los contingentes del interior del país y a la medianoche estaba previsto que partan, a pie, columnas desde los distintos municipios del conurbano: de La Matanza, Avellaneda, Hurlingham o José C. Paz. A las tribus K (La Cámpora, Movimiento Evita, Kolina y Nuevo Encuentro, entre otros) se suman algunos peronismos territoriales.
El dato no es menor: hasta acá, el peronismo se dividió entre la solidaridad -casi forzada- de gobernadores, intendentes y legisladores, la indiferencia de un puñado más acotado al estilo Diego Bossio y el apoyo explícito de la estructura cristinista. En el mapa de los que entornan a Cristina, el desfile de hoy por tribunales -paradójicamente reconfigurado como un hecho épico- debe leerse como el primer escalón de un regreso por etapas.
La foto de Cristina en Comodoro Py permitirá ensayar, más allá del tumulto y la cita judicial, un rompecabezas sobre cuánto del universo político que hasta el 22 de noviembre formó parte del dispositivo K todavía sigue en órbita alrededor de la expresidente. Una aproximación: el peronismo que sobrevivió, ganador, a la explosión electoral macrista, casi no estará en el show de veneración a la expresidente. Sí, casi todos los perdedores: de Daniel Scioli para abajo.
Ayer, Cristina siguió como en los últimos años de presidente: inaccesible para la mayoría de los dirigentes. Salió de su departamento en Recoleta para ir a visitar a su nieta en San Telmo, donde se reunió con Eugenio Zaffaroni. Hasta ayer todavía no se sabía quién será su abogado defensor, aunque se habló del asesoramiento de Carlos Arslanian. La cita con el excortesano se tradujo en el sentido judicial, pero el foco sobre Cristina es político: en el Gobierno y en el peronismo se esperan pistas sobre cuál será en los próximos meses su protagonismo y si, como especulan a su lado, el regreso de anteayer es el fin del "silencio" que mantiene desde el 9 de diciembre y que, en público, abandonaría hoy luego de declarar ante el juez. "Está todo listo para que hable, pero eso lo decidirá ella", avisaron, ayer, desde La Cámpora. Si lo hace, podrá adivinarse cómo se moverá la expresidente en el tiempo que viene mientras un sector del PRO la quiere arriba del ring, para dividir al PJ.
| Pablo Ibáñez |

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