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Cristina se reunió con Nº 1 del FMI (pero no habló de un nuevo acuerdo)
La Presidente, al exponer en el encuentro organizado por el ex presidente Bill Clinton. Escucha el titular del FMI, Dominique Strauss-Kahn.
Antes de comenzar el panel, una suerte de «talk show», como lo definieron en el propio Gobierno, Cristina se encontró unos minutos con Clinton (algo meramente protocolar) y estuvo incluso unos minutos a solas sentada junto a Strauss-Kahn, con el que luego compartió la mesa del Clinton Global Iniciative con ella.
Allí el francés le dio una buena noticia: «Tengo números mejores para usted. Las proyecciones de crecimiento para la Argentina que tenemos para este mes son mejores que las que anunciamos en julio», le dijo Strauss-Kahn. No hubo en esa charla, de acuerdo con el Gobierno, ningún reproche mutuo ni avance de las negociaciones con el organismo. Siguió luego sobre temas caseros: «Estoy cansado de viajar tanto. Ya no lo soporto más», le dijo el jefe del FMI a Cristina de Kirchner. Y hasta le comentó que los informes que le había dado Olivier Blanchard sobre su última visita a Buenos Aires eran muy buenos.
Para el kirchnerismo, siempre ávido de esas señales, la charla significó una apertura de puerta del Fondo a hablar en otros términos. Aunque nada indica que la normalización de esas relaciones pueda funcionar si antes no se accede a una revisión formal de las cuentas públicas de acuerdo con el artículo 4 de la carta del organismo.
De hecho, en la charla que mantuvieron en público, junto a Summers, el premier holandés, Jan Peter Balkenende; Strauss-Kahn y el mexicano Ernesto Zedillo, que hizo de moderador, Cristina de Kirchner no atacó al director del FMI, sino que se dedicó a resumir la postura argentina ante el G-20, nuevamente publicitar los logros de su Gobierno y, finalmente, castigar a Summers.
Fue en la última pregunta que le hizo Zedillo a Cristina de Kirchner, después de que Summers había hablado del impacto de la crisis, las regulaciones, el déficit fiscal en los países y el sufrimiento que iban a enfrentar los estadounidenses por los problemas futuros que deparaba la nueva economía, cuando la Presidente lo frenó: «Le quiero decir tres cuestiones a Summers: estoy de acuerdo en que cambió la matriz de crecimiento en el mundo, pero eso sucedió porque el dinero se convirtió en un fin en sí mismo y se dedicó a la producción. El segundo punto es que las reglas sean iguales para todos», arrancó. Y luego se volvió a meter con la economía de los Estados Unidos: «Si hay un manual, se debe aplicar para todos. Nos han dicho hasta el cansancio lo fundamental que era el superávit, y Estados Unidos tiene un déficit gigantesco. Las reglas parece que se aplican a todos, pero no a EE.UU.».


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