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Cuatro aciertos y ningún funeral
¿Y la economía?
Hoy todo el debate político se centra en la recesión, la inflación y las tarifas energéticas. La verdad es que el Gobierno heredó una situación económica y social muy complicada. No se pueden esperar grandes logros en el corto plazo, y quizás tampoco en cuatro años. Ojalá los ciudadanos comprendiésemos esto. Lamentablemente, el Gobierno, en mi opinión, equivocó en parte su diagnóstico económico, y por tanto su discurso, y ahora ello se interpreta como si los problemas económicos que tenemos en la actualidad fuesen el resultado directo de políticas erradas. Había que devaluar fuertemente la moneda en términos reales y también había que ajustar las tarifas de transporte y energía (aunque disiento en la forma en que se viene manejando la política energética). Esto necesariamente iba a acelerar la inflación y reducir el poder adquisitivo de los salarios.
Creo entonces que el Gobierno debió, y aún debe, ser más cauto en sus objetivos económicos. Se necesitaba (y aún se necesita) recomponer rápidamente el tipo de cambio real e ir a una normalización tarifaria. Pero a la vez, tenía (y aún tiene), al menos en el mediano plazo, que bajar la inflación. No habrá estabilización sin ajuste fiscal.
En el contexto actual, se requiere emitir una señal clara sobre cuál es la tasa de inflación objetivo y cuál es el programa monetario, fiscal y de deuda consistente con la misma, y poder cumplirlo. Sin embargo, todo esto tiene que darse con un tipo de cambio real competitivo. No sirve bajar la inflación atrasando el tipo de cambio (riesgo que se corre actualmente). Por ello las metas de reducción de la inflación tienen que ser comedidas.
El ajuste económico está a medio camino. No estamos cerca del fin, lamentablemente. La inflación se disparó arriba del 40% este año y aún no ha terminado el proceso de ajuste de los precios relativos de la economía. Creo que solamente una política monetaria contractiva no es suficiente para bajar la inflación sin perder competitividad externa. De cara al futuro, también es necesario anclar las expectativas inflacionarias en una tasa menor y a la vez consistente con el programa económico. Además, la inversión necesaria para volver a crecer aún no ha despegado. No se crece sostenidamente aumentando la demanda agregada sino expandiendo la oferta de bienes totales en la economía. Nuevamente, hay que ser prudentes con el manejo de expectativas.


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