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Cuba se desfideliza: echan al duro Pérez Roque y al vice Lage
Raúl Castro junto al ahora ex canciller Felipe Pérez Roque y al ex jefe de Gabinete o premier, Carlos Lage, en una foto de archivo de abril de 2007 en el edificio del Consejo de Estado de La Habana.
Con el fin explícito de otorgar más eficiencia al anquilosado estado cubano, Raúl Castro, quien asumió en febrero de 2008 a raíz del estado de salud de Fidel, nombró a ocho nuevos ministros y fusionó cuatro carteras en dos.
Pérez Roque fue «liberado de su cargo» y reemplazado por el viceministro primero de Exteriores, Bruno Rodríguez, un abogado, diplomático y periodista menos dogmático que su predecesor. Con sólo 44 años, Pérez Roque se había convertido en mano derecha de Fidel Castro. Con 21 años, antes incluso de haber acabado la universidad, ya era diputado nacional; a los 26, miembro del Comité Central del Partido, y en ese mismo año, 1991, se convirtió en secretario personal del líder cubano, Fidel Castro.
En tanto, el titular de Economía, José Luis Rodríguez, fue relevado por Marino Murillo, hasta ahora al frente de Comercio Interior.
La decisión del general Castro fue difundida por la televisión oficial cubana tras ser adoptada ayer en una reunión del Consejo de Estado, el principal órgano de dirección del país. «Se convino en la necesidad de continuar estudiando la actual estructura del Gobierno con el objetivo de reducir gradualmente su envergadura y elevar su eficacia», según la nota.
El cambio implica la destitución de dos vicepresidentes del Consejo de Ministros y de su secretario ejecutivo, Lage, virtual número dos del Gobierno o vicepresidente del Ejecutivo. El pediatra Lage Dávila, de 57 años, era una de las figuras más relevantes de la jerarquía cubana. Dirigió cambios económicos en los 90, reemplazó al jefe de Estado en funciones institucionales tanto fuera como dentro de la isla.
Lage seguirá siendo vicepresidente del Consejo de Estado, principal órgano de dirección del país, pero abandona la Secretaría Ejecutiva del Consejo de Ministros, donde fue nombrado el general José Amado Ricardo Guerra, hasta ahora jefe de la Secretaría del Ministro de las Fuerzas Armadas.
El texto recuerda que ese cargo «no constituye legalmente una instancia con facultades de decisión en materia gubernamental, ni se le atribuye protagonismo alguno en la dirección del Gobierno».
La decisión implica la «liberación» -eufemismo utilizado en el texto oficial- del vicepresidente Otto Rivero, otro fidelista encargado de la «Batalla de Ideas», como se denomina a la estrategia lanzada por Fidel Castro para recuperar «los valores de la Revolución» tras el caso del balserito Elián González (1999-2000).
Todos esos programas quedan ahora bajo la «coordinación y control» de Ramiro Valdés, un histórico promovido recientemente al cargo de vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro de Informática y Comunicaciones.
En los trece meses que lleva como presidente titular, tras 19 como jefe de Estado interino por la enfermedad de Fidel Castro, el general había hecho algunos cambios menores, como ascender a vicepresidentes a ministros que seguían manteniendo, hasta ahora, las mismas carteras y funciones.
Con la resolución conocida ayer, también se quedaron sin nuevas funciones varios ministros, entre los que sobresalen Raúl de la Nuez, en Comercio Exterior; Georgina Berreiro, en Finanzas y Precios, y Alfredo Morales Cartaya, en Trabajo.
Raúl Castro eligió a dos dirigentes que pasaron por el Secretariado del Partido Comunista para el nuevo Ministerio de Alimentación -que absorbe al de la Industria Pesquera- y Finanzas y Precios, que estarán bajo la tutela de María del Carmen Concepción González y Lina Pedraza, respectivamente.
Además del general Ricardo Guerra, entra en el Gobierno otro militar, el general Salvador Pardo Cruz, para asumir la cartera de la Industria Sideromecánica.
Rodrigo Malmierca, recientemente nombrado ministro para la Inversión Extranjera, asume, además, el control del Ministerio de Comercio Exterior bajo una misma cartera. Al frente de Ciencia y Medio Ambiente, que se encontraba sin ministro titular, fue nombrado José Miyar Barrueco, hasta ahora secretario del Consejo de Estado, cargo que pasa a asumir de manera interina el diputado Homero Acosta, hasta que lo apruebe el Parlamento.
Raúl Castro manifestó en su asunción presidencial su intención de reformar el Gobierno antes de finalizar 2008, pero en diciembre pasado, ante el Parlamento, afirmó que la «prioridad de otros asuntos» había impedido la «conclusión de los estudios», por lo que solicitó más tiempo para acometer los cambios.
La noticia sorprendió a algunos cubanos. «No se había visto algo así desde el triunfo de la Revolución (en 1959). Es verdaderamente impresionante», dijo Adelina, una jubilada de 70 años, que hacía fila en una heladería del centro de La Habana.
Bert Hoffmann, un analista del centro de estudios GIGA en Hamburgo, dijo que los cambios en el gabinete podrían generar incertidumbre tanto dentro como fuera de Cuba. «Sustituir el equipo económico por cuadros de poco perfil público envía señales de incertidumbre a actores económicos, tanto domésticos como extranjeros», opinó. Para Hoffmann, la profunda reestructuración apuntala, sin embargo, al Gobierno de Raúl Castro, quien consolida su poder con figuras militares. «Serán leales a una agenda 'raulista' de cambios graduales desde arriba, siempre que sean políticamente controlables», agregó.
Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA


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