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Cuba seguiría impidiendo viajar a médicos y personal de defensa
La prensa oficial cubana dio ayer amplio destaque a la liberalización de los viajes al exterior. Un nuevo hito en el sendero de la isla hacia formas políticas menos represivas.
Ambos extremos, sin embargo, parecen poco probables. Una salida masiva queda prácticamente descartada por las restricciones de viaje que imponen otros países. Y también los detalles aportados por el Gobierno de La Habana apuntan a posibles limitaciones. Así, la disidencia interna se mostró escéptica. «Hay que esperar para leer la letra pequeña. Ya están hablando de restricciones, eso es inaceptable», dijo el opositor Elizardo Sánchez, líder de la ilegal Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.
La bloguera disidente Yoani Sánchez, una de las primeras en celebrar con un «¡hurra!» en Twitter la reforma, también se mostró escéptica. «Parece que el filtro va a estar en el proceso de dar el pasaporte y no en la llamada tarjeta blanca como hasta ahora», matizó luego en la red social.
La anhelada reforma migratoria cubana anunciada ayer eliminará desde enero la tramitación del permiso de salida conocido como «carta blanca» que se exige a los cubanos desde 1976, así como la presentación de una carta de invitación. A partir del 14 de enero, «sólo se exigirá la presentación del pasaporte corriente actualizado y la visa del país de destino», señaló el Ministerio de Exteriores.
Al mismo tiempo, el régimen dejó entrever posibles restricciones para grupos como los médicos. La medida busca evitar el éxodo masivo de profesionales que teme el castrismo.
«Se mantendrán medidas para preservar el capital humano creado por la Revolución», señaló el texto publicado en el diario Granma.
También los detalles de la nueva Ley de Migración apuntan a que las autoridades han previsto medidas para evitar una sangría migratoria. Determinados ciudadanos no podrán obtener el pasaporte «cuando razones de Defensa y Seguridad Nacional así lo aconsejen», señala un pasaje del artículo 23.
El texto también excluye la obtención del pasaporte para personas que tengan «obligaciones con el Estado cubano o responsabilidad civil» o «cuando por otras razones de interés público lo determinen las autoridades facultadas».
La disidencia considera que el Gobierno se reserva la opción de decidir a su criterio la concesión de pasaportes. «Yo pienso que es un cambio de un nombre por otro», dijo Berta Soler, líder del grupo opositor Damas de Blanco. «Si ellos entienden que (las personas) no pueden salir del país, no van a salir».
«Vamos a ver si no hay otra contramedida», comentó por su parte Alfredo, un graduado en Estudios Sociales de 36 años que pertenece al grupo de profesionales que podría verse afectado por las restricciones.
La salida masiva también queda descartada por las restricciones impuestas por otros Estados. Al igual que muchas otras naciones latinoamericanas, los cubanos necesitan un visado para entrar a casi todos los demás países. Ecuador es uno de los pocos que no lo pide.
La Ley de Ajuste cubano y la llamada política de «pies secos, pies mojados» estadounidense permiten obtener automáticamente residencia a los cubanos que pisen suelo norteamericano.
La situación ha causado graves crisis migratorias entre ambos países en el último medio siglo, como la ola de «balseros» de 1994 y el éxodo masivo de Mariel en 1980, cuando Fidel Castro permitió temporalmente que exiliados recogieran a sus familiares en el puerto de ese nombre.
«La actualización de la política migratoria tiene en cuenta el derecho del Estado revolucionario de defenderse de los planes injerencistas y subversivos del Gobierno norteamericano y sus aliados», anunció ayer el Gobierno cubano.
Estados Unidos es el país con la principal comunidad de exiliados cubanos, con más de dos millones de personas asentadas sobre todo en Florida. La prohibición de viaje ha impedido a miles de familias verse a menudo durante años, pese a la corta distancia de 90 millas (145 kilómetros) que separa Cuba de las costas de Florida.
Agencia DPA


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