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Cumbre secreta para cerrar el Presupuesto
Gobernadores presionan por más fondos. El Gobierno decidió emitir mañana el dictamen y no discutir más
Hernán Lorenzino, Juan Carlos Pezoa
Todo se hace a marcha forzada por estos días con relación al Presupuesto. Otro dato curioso es que el ministro de Economía ya haya visitado tres veces el Congreso desde que se envió el proyecto: la primera para una clase a solas con la conducción del bloque kirchnerista, otra para la presentación judicial y la más notoria de todas fue la visita secreta que hizo Hernán Lorenzino el viernes pasado a la oficina de Roberto Feletti, en Presupuesto y Hacienda. No es habitual que el ministro visite tantas veces Diputados para ese debate.
Y el problema con el dictamen del Presupuesto 2013 no parece ser la oposición, que irá con dictamen propio sin demasiado poder de daño al Gobierno, que aún tiene votos de sobra, sino el propio peronismo leal al oficialismo.
Reclamos
Como les sucede a muchas áreas del Gobierno, los dolores de cabeza y los reclamos vienen esta vez de la mano de los gobernadores, intendentes y hasta rectores de universidades, toda la cadena de similitudes con las quejas que se reciben en Presidencia.
Por eso Lorenzino y Feletti decidieron cerrar la oficina de quejas y no recibir más presiones cuando la elasticidad en el aumento del gasto llegó a su límite hace rato.
El viernes fue el ministro de Economía para encerrarse con Feletti en Diputados y pulir los últimos tramos de una discusión presupuestaria que en los hechos ya terminó. Sin aceptar del todo las reglas clásicas y los códigos del Parlamento, se decidió que para frenar los pedidos de las universidades de mayor presupuesto (habrá de todas formas un incremento), la extensión de obras, el financiamiento en la «cadena de la felicidad de los gobernadores» (medio flaca en los últimos tiempos), y mayores cupos de los regímenes de promoción, entre otros «mangazos» de último momento, lo mejor era firmar el dictamen de inmediato sin más visitas a la comisión.
Son esos los problemas que aquejan por estos días al Gobierno y no la protesta por los «dibujos» oficiales en los índices de inflación -del 10,8%- y de crecimiento, el uso de reservas por más de u$s 8.000 millones o la derivación de fondos casi sin límite para importar energía en todas sus variantes en medio de un déficit creciente o el permiso para condonar deuda e impuestos a empresas públicas. Nada de eso; está claro que los problemas con el Presupuesto vienen desde dentro del propio kirchnerismo en las provincias que pide a gritos mas financiamiento.
Con ese esquema parece claro que le bastó al oficialismo la visita de Axel Kicillof, viceministro de Economía; Juan Carlos Pezoa, secretario de Finanzas, y Adrián Cosentino, secretario de Financiamiento, la semana pasada para despachar sin problemas el Presupuesto.
Dudas
En el camino quedan las dudas sobre la proyección de la inflación, que, de acuerdo con el viceministro, sólo es un tema (menor) que afecta al sector financiero y no a la economía real; la cuestionada lista de obras públicas que ya no maneja Julio De Vido, sino Economía; las autorizaciones al Poder Ejecutivo para contraer endeudamiento para financiar obras y compra de combustibles al exterior; el financiamiento para el acuerdo con Venezuela por importación de fueloil; la novedad de la autorización y exención para la compra de nafta a otros países; el nuevo cargo no sólo sobre el gas, sino también sobre otros hidrocarburos; la extensión del programa «Fútbol para todos» y, por supuesto, el uso para financiar gasto del remanente que quede de los u$s 7.967 millones del Fondo de Desendeudamiento, una vez que se pague deuda a bonistas. Quedó en el tintero de los diputados develar por qué el Gobierno convalidó en el mensaje del Presupuesto 2013 un crecimiento del 3,7 para este año, activando así el pago del Cupón PBI, aunque la diferencia entre la realidad y ese monto aún esté por verse ya que será definitoria para saber cuántos dólares le quedaran al Gobierno del reactivado Fondo de Desendeudamiento.


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