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Cumbres secretas en las dos CGT por temores compartidos
El principio de entendimiento de los líderes de la CGT oficialista con Hugo Moyano no se traducirá en lo inmediato en una reunificación de la central obrera pero sí implicará un dolor del cabeza para el Ejecutivo. Es que Cristina de Kirchner se ocupó desde 2011 de avivar contradicciones entre gremialistas hasta forzar la fractura.
Los encuentros se concretaron en ámbitos privados, no en oficinas. Y en ambos casos estuvo ausente el jefe formal de la CGT afín al Gobierno, Antonio Caló, cuya suerte decidió atar a la del oficialismo al igual que otros dirigentes como Ricardo Pignanelli, de los mecánicos del SMATA.
La última reunión fue inmediatamente antes del paro nacional de los gremios opositores del 28 de agosto, y contó con la presencia de Moyano por los disidentes, de Gerardo Martínez (albañiles, UOCRA) por los oficialistas, y un número muy acotado de dirigentes de ambos sectores. Tampoco estuvo el gastronómico Luis Barrionuevo, sindicado como poco fiable para un encuentro de carácter reservado.
Sin un acuerdo global para la meneada reunificación, al menos hubo entre los protagonistas un diagnóstico común sobre la coyuntura y la decisión de establecer un marco de tolerancia mutua, tras sucesivos desencuentros y la esgrima verbal propia de los sindicalistas.
En ambos sectores, según los presentes consultados por este diario, hubo preocupación por un aparente aislamiento cada vez mayor de Cristina de Kirchner y por suponer que no hay en el Gobierno una lectura realista de los problemas económicos. Sin importar la orientación política de unos y otros se escucharon quejas compartidas por el crecimiento de suspensiones y despidos en la industria, y la falta de actualización de Ganancias. Y sobre todo, la constante demanda de fondos para sus obras sociales.
También se conversó sobre el papa Francisco, con el que los dos grupos mantienen contactos cada vez más fluidos. Dijeron contar con información acerca de que el llamado del Pontífice a Cristina para compartir un almuerzo este sábado tenía por objeto rodearla y darle contención, más que manifestarle su apoyo para la causa buitre. Los sindicalistas suelen creerse los más fieles intérpretes de los gestos papales.
Los protagonistas quedaron en volver a verse en los próximos días. Y avanzar en un posible documento antes de fin de año, con un llamado a la reflexión para el Ejecutivo, que contaría con las firmas de gremialistas de las dos CGT sin implicar necesariamente la adhesión de todos sus miembros.
Parte de las conversaciones dio fruto en los últimos días, cuando Moyano dio de baja cualquier protesta contra el Gobierno y aflojó las críticas hacia sus pares.


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