Nuestro personaje favorito, para destronar a Ponzi y a Madoff, siguió haciendo de las suyas. Parece que ante la emergencia agropecuaria que se está viviendo, eligió solamente a un productor de una zona: y lo llenó de camiones con forrajes, solamente a él. Y que el elegido se encargue de repartirles, o no, a los otros productores que están penando. Sabe el lector de quién estamos hablando. El creador del «esquema Moreno», modo simple y letal de escabullirles 13.000 millones de dólares de los bolsillos a incautos bonistas -que siguieron creyendo en un país que ya los vino estafando desde el famoso «canje»- y que no precisó de guardar las apariencias, ni siquiera dar algunas explicaciones. Más todavía lo erige en el «rey de la estafa», porque realizar un operativo desde el sector privado es una cuestión. Hacerlo en nombre del Estado, es otra, mucho más grave. Hasta Moyano quiere ahora llevar su propio aparato de medición, como para salir a pedir disparates en medio de la crisis, basado en «las amas de casa». Y esto se parece mucho a la propuesta que nosotros mismos llevamos: la velocidad de extinción de un billete de $ 100, en las góndolas. Moyano, también zorro veterano, no se pone a discutir el índice oficial, sino que quiere uno paralelo, para pedir aumentos. Seguimos en el camino acelerado hacia una «republiqueta», donde nadie cierra por derecha: y en el mismo barro, todos chapaleados. Se habla de otro canje, de recurrir a la ayuda del FMI y tenemos a un personaje que, sin tipo de penalización, hace y deshace a placer. Sobre la base de lo que alguna vez invocó a directivo del propio sistema bursátil: «Nuestra ley está por encima de todas las leyes». En tanto, parece que a la CNV no le va a alcanzar el Presupuesto, o sabe que en este año las partidas habrán de escasear, porque la multa que le aplicó a la ya salida Acindar suena a querer aspirarle a una empresa que ya no está en el circuito, perteneciente a grupo de control foráneo, una regia suma como «para ir arreglándose». De otro modo, no se entiende a qué vino tanta rigurosidad, si cuando se han penalizado verdaderos fraudes y desvíos en la cotización pública, los castigos siempre fueron ridículos en sus montos. Pensamos, si se comprueba alguna falta realmente importante, que la CNV deberá aplicar no menos de dos, tres millones de pesos a los acusados. Algo que está por verse a futuro, porque lo que es en el pasado su historia la condena.
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