11 de febrero 2009 - 00:00

CUPONES BURSATILES

Pedir al Congreso más y más dólares, por ahora es la única sanción visible del nuevo Gobierno en Estados Unidos. Y esto ya se vino haciendo desde antes, lo que cambió es el cajero y el distribuidor de esos fondos. Uno de los asesores de Obama, Larry Summers, hizo declaraciones comenzando por la «pesada herencia» (palabras más, palabras menos) y la respuesta lógica de la gente debiera ser: «Eso ya lo sabemos, para eso están ustedes allí». (Ningún bombero dijo jamás que recibiera un descomunal incendio, solamente se concentran en tratar de apagarlo). Pero, los gobernantes recién elegidos -en todas partes- arrancan desde la autopsia cuando lo que se pide es que revivan el cadáver. También lanzó un pronóstico el asesor Summers, en cuanto a que la economía deberá «ser sostenida por el Gobierno durante los dos próximos años...». Obviamente, se ahorró mencionar a qué cifras de apoyo se podría llegar, teniendo en cuenta el ritmo que se trae y ese lapso calculado de dos años, como mínimo. La sensación es que «algo» debe surgir y no surge. De que falta ese plan integral, puesto a funcionar al unísono y que actúa eficazmente, como cuando -pareciendo un absurdo- al pozo petrolífero incendiado se lo apaga de una vez, tirándole dinamita.

Decíamos en nota anterior que resulta mucho más confiable lo que realicen los índices bursátiles, para saber qué viene en el futuro, que todos los pronósticos que se quieran lanzar desde distintos ángulos y personajes. Las Bolsas han sido siempre la voz de alarma, advirtiendo de malos tiempos que llegan, como han resultado precursoras en anticipar que lo malo termina y comienza otra tendencia, otro capítulo del ciclo natural. Pues bien, lo que se nota del Dow Jones es que sigue tan inestable y bamboleante, como cuando lo dejara Bush. Mientras se anuncian ayudas a la educación, para que los profesores no se queden sin trabajo -según Summers- esto suena tan loable, como muy alejado de la profundidad del problema. El «Plan», el que anuncie medidas encastradas unas con otras, al unísono en la ejecución. Más algún condimento de «magia» e inesperado por la población, no parece estar en carpeta de esta selección de nombres en el gabinete, donde todavía Paul Volcker no ha dado muestras fuertes de su presencia. «Dos años más», el anuncio del asesor de Obama no puede generar mucho ánimo en un mundo que aguardaba, con demasiado ardor, la llegada del que pondría la cuestión en los rieles. Y el tiempo... es oro.

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