12 de febrero 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

El asunto de permitir « recompra de acciones propias» es muy nuevo -dentro del siglo y medio de historia de nuestro mercado- y, si no nos equivocamos mal, creemos recordar que fue traído de la mano de la gente del llamado «grupo IRSA» (entre otras novedades, como el dar a los ejecutivos opciones con «derechos de compra», que eran materia corriente en mercados de punta y que hasta la década del 90 no revistaban en las normas locales). Aquella Comisión Nacional de Valores, cuyo titular era el Dr. Harteneck, autorizó las novedosas prácticas y como si con ello el mercado local estuviera accediendo a otra categoría (mientras las sanciones, tipo SEC, se fueron dejando de lado, como siempre). Todo eso es historia, reciente; los permisos para recomprar fueron siendo incorporados a unas cuentas sociedades, mientras que otras no adhieren al régimen. Ahora, mediante informes puntuales que partieron del IAMC, se han conocido cifras y compañías que vienen activando el mecanismo desde 2008 y acompañando los sesgos bajistas del mercado. Las recompras se concretan a juicio y valuación de los directivos de las empresas, utilizando fondos líquidos de las sociedades y no con fondos de quienes deciden hacerlo. Siempre nos pareció un instrumento de doble filo -cada uno tiene su opinión al respecto- y si bien el espíritu tiene un trasfondo loable, como es ponerle una esponja compradora, un dique a la baja, si el juicio es equivocado y la Bolsa prosigue una tendencia negativa, puede resultar un pésimo negocio. No para los directivos, sino para la compañía, el conjunto societario. El esquema virtuoso debe cerrar cuando, en tiempos de repuntes, las acciones se devuelvan al mercado.

La norma hablaba de hasta un límite del 10% del capital flotante, admitido en la recompra propia. Pero la CNV se encargó de flexibilicar el porcentaje y con su propio juicio acerca de que las acciones estaban muy «baratas», (textualmente se dice de otro modo, pero la esencia es la mencionada, para no dar vueltas). Lo que hace varias décadas hacía el engendro oficial llamado «IMIM» y que salía a comprar en las bajas -pretendiendo quitar de la Bolsa el riesgo-, hasta abarrotar de acciones a otras entidades, ahora se hace de modo individual. Si a la CNV -en una subjetividad que no le correspondele pareció que todo era «barato» por demás, bien podía haber aconsejado que todo inversor saliera a comprar, en vez de que la liquidez societaria esté en juego y en operaciones que son «de opinión». Poner diques artificiales a la tendencia es tentar al destino.

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