Usted habrá visto, amigo lector, que los programas «culturales» se multiplican en la televisión. Hay uno donde se televisan fuertes partidas de póquer. Y como complemento, también existe el apéndice, donde se puede invertir el tiempo en: que le enseñen a jugar al póquer. Y, créase o no, bien puede armarse un programa donde le enseñen a jugar a la Bolsa, de la forma más cruda y lineal: utilizando, también, el principio de las cartas. Lo que se puede anticipar es que resultará el juego más noble, donde las mismas cuatro cartas que usted utilice serán las que tenga en la mano un Warren Buffet. Y serán idénticas a las que jugaron, en su momento, un Josse Livermore o Bernard Baruch. Y hasta el mismo John Maynard Keynes (cuando tomando champán, dedicando algún tiempo a la mañana, movía las inversiones para los fondos de una entidad educativa). Las mismas cuatro cartas. Y los únicos naipes que componen la clave absoluta de la inversión. Para ganar mucho, o perderlo todo. O bien, para llevar el juego de manera tranquila y no llegar a los extremos. La primera de las cartas, dice en el medio: «Comprar». La segunda está impresa con: «Vender». La tercera menciona: «No Comprar». Y la cuarta, y última, refiere: «No Vender». A partir de que todos tienen esas mismas cuatro figuras en su mano, se inicia el juego bursátil. Y tanto el millonario más famoso -como Buffet- o el inversor más humilde tienen la ocasión de lanzar un naipe, a su turno.
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En este caso, no hay trampa alguna, tampoco nada que se oponga a la decisión de cada participante. Cada uno es responsable de jugar la carta adecuada, elegir lo momentos, hacerlo velozmente. O esperando el tiempo que desee para jugar la siguiente. Un naipe que se considera mal jugado -como, por caso, «comprar»- puede ser neutralizado con el de «vender». Y volver a empezar, con los mismos naipes en la mano, siempre. El juego es simple; las herramientas son pocas y sencillas. La seguridad de que todos cuentan con las mismas chances, lo que hace limpio. Difiere, eso sí, la magnitud del capital que se arriesga y el «resto» que se tenga, para poder asumir una racha negativa. Unos participantes harán su juego, sobre la base de la intuición. Otros esperarán y serán pacientes en la jugada. Habrá los que primero se arropen, con la información de todo tipo. Unos seguros, otros indecisos, los de sangre fría para actuar -como ahora- en una crisis. O los que sólo ganan en las buenas. Hagan juego, señores...
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