3 de marzo 2009 - 00:00

CUPONES BURSÁTILES

En el repaso de peine fino, sobre el desarrollo de febrero, podría marcarse un mojón señalizando dónde se terminó el entusiasmo de la primera semana (recordemos que había dejado más del 6% de ganancia ese primer paso). Nos quedamos con lo del martes 10, como el punto límite. No porque el Merval de 1.105 puntos haya resultado el punto máximo de febrero -que estuvo en los 1.143 del viernes 6-, sino porque al llegar a rozar los $ 59 millones de volumen efectivo, todo empezó a desvanecerse. De allí en adelante, no alcanzó ni a aproximarse el segmento accionario a esa suma. Y cuando se consumió la última rueda y se efectuó el promedio mensual, lo que arrojó fue una media de $ 34 millones, por rueda de febrero. Así, se puede inferir que en los tramos en que, por alguna razón temporal, se logra cambiar de marcha en los negocios, los saltos en las cotizaciones se producen de inmediato. Después, cuando llega el repliegue de órdenes, con aguas de demanda que se van retirando, el recinto se va oscureciendo, día tras día.
Los extremos del mes en el índice estuvieron fijados por los 1.143 del punto más alto. Y el nivel de 1.009 que resultó el piso, tocado el lunes 23, ya en la semana última del mes. Después de los primeros días, donde hubo una seguidilla de cuatro ruedas a favor, nunca más se pudo superar la valla de dos fechas alcistas; en la tercera ya se producían retrocesos. El Merval terminó con una caída que, por comparación con el mundo, lució como bastante soportable con algo más del 5%. Pero, en el «índice general de la Bolsa», la baja se deslizó a un 7,12%. Y más allá, al cotejar con el Burcap, esto se amplió a un 8% de rebaja mensual.
... Y la gente, común o inversora, se aficiona cada vez más a la vieja fórmula de refugiarse en el dólar. Que más allá de desmentidas, o de estrategias, viene demostrando que siempre está u poco más arriba, sin tener que molestarse en analizar, operar, o hacer malabares. Entonces, cada vez se hace más complicado que se pueda reparar en acciones bursátiles y el esquema argentino retorna a sus fuentes tradicionales. Poner la vista sobre el dólar y dejarse llevar. Afuera, nada parece estar bien encaminado; tampoco el mercado tiende a estar cada vez más distanciado de lo que propone Obama. Y el nuevo gabinete envía sus medidas de a una, hasta que se le van diluyendo, fagocitados por la realidad de una ciudadanía que todavía no empezó a creer. Preocupante.

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