Lo del «trencito bursátil», como figura que refleje a los mercados del mundo global, resulta tan veraz como las formaciones ferroviarias que dan su fisonomía a esta imagen. Y también en lo bursátil, hay una locomotora de arrastre y los vagones que se van alineando detrás. Indudable quién es el que arrastra -a pesar de que está con el motor hecho pedazos, siempre es el Dow Jones- después están los diversos tipos de vagones. Y allí están los que son los de «primera clase», por supuesto los «de segunda». Y hasta los de «clase única», cerrando la formación. Es sencillo advertir quiénes, en el listado bursátil, ocupan los distintos segmentos. Y sin profesar ningún tipo de falso orgullo, o de estúpido nacionalismo, es claro también dónde estamos enganchados nosotros en el convoy del mundo. No el «vagón de cola», eso todavía no, pero es cierto que hasta no hace tantos años poseíamos un lugar, bastante más adelante de lo que tenemos hoy. A tal punto, que baste recordar que la Bolsa de Buenos Aires con frecuencia era líder regional y superaba a las brasileñas. Que cuando produjeron la inteligente fusión de la de Río y la de San Pablo parieron un mercado más nutrido, superior, que después fue creciendo y distanciándose.
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¿Tiene que ver todo esto, con la propia historia de los países? Seguramente que sí. Una Bolsa, es simple espejo de lo que muestra el país que la contiene. Tanto en el auge, como en la caída, realidad y espejo van de la mano.
Lo que vino sucediendo en esta quincena, con la locomotora ejerciendo súbitamente ese poder de arrastre y cuando parecía con el motor fundido, movió a la formación y sin dejar vagones afuera. Todavía sin verse claro a qué se debió el repunte del Dow, salvo la simple explicación de que esté «barato». Y así como Lula reiteró aquella expresión de: rezar más por Obama, que por él mismo, no hay que perder de vista que aquí hay que dejarle algún rezo al Dow, antes que al Merval. El efecto de mercados en repunte, o en rebote, trajo consigo que la oferta se llamara a recato. Que ya no se saliera a liquidar sin miramientos los papeles, corriendo al dólar, produciendo una sensación de mejoría en la tendencia de precios. Pero, siempre renga en la de volumen. Y es que la demanda no ha despertado, el desinterés sigue privando y es la gran pieza faltante: la orden de compra, de manos fuertes.
Ojalá que así fuera, pero es temprano para detectar que existe el tufillo al «adelanto» y el cambio de fondo, en cuanto al Dow Jones. Pero, es seguro que si asoma demanda se puede armar un show espectacular.
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