25 de marzo 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Aquí se había inventado el artilugio de decirles a los banqueros, que tomaban bonos de deuda pública: «No se hagan problemas, en los balances los pueden anotar a valor nominal» (y no de mercado, lo que era una falacia contable por todos consentida). En Estados Unidos lo mejoraron, le llaman «activos tóxicos» y se los quitarán directamente a las entidades. Lo más jocoso es que tal activo tóxico, era el que los mismos bancos habían engendrado, con su falta de seriedad en la misión de ser respetables.

Con lo cual, da ganas de gritar: «¡Yo quiero tener un banco!». Si nos va bien, seremos millonarios y nos votaremos los «bonus» más suculentos. Si nos va mal, aparecerá el «papá Estado» que se quedará con la mugre que ayudamos a formar y nos limpiará, para que sigamos en carrera. Igual, ya Obama y su gabinete no tienen ningún recato en mandar a imprimir más y más billetes, como si realmente el «cuerno de la abundancia» dejara de ser una leyenda.

Con el nuevo anuncio, explotó Wall Street en suba -lógicamente, de mano de los bancos resucitados- y a partir de la locomotora, todos pudieron vivir un lunes de fiesta corrida. Lo que nos retrotrae a ruedas anteriores del Dow Jones y cabe preguntarse: cuántos estaban en la información confidencial del lavado tóxico» integral que les harían a esos bancos, que comenzaron a saltar de precio en el mercado. Fortunas que se perdieron en la caída a pique. Fortunas que se han hecho, partiendo desde el subsuelo en que habían caído esos papeles. Acaso resulte la carta fundacional de un nuevo capitalismo, enfermo que sólo reparta premios y nunca castigos. Se haga lo que se haga, así maneje un banco, o una automotriz, allí deberá acudir el Estado a cubrir todos los dislates con dinero de la sociedad, o con papel inflacionario.

Está claro que todos los que actúan dentro, o en la periferia de las Bolsas vivimos deseando que se produzca una reversión de tendencia. Pero, están los que aspiran a que el giro venga como sea. O los que creen que tratar de reconstruir sobre cimientos «tóxicos», no es el mejor camino para encontrar paz duradera y la otra fase del ciclo. Ya mismo deben estar las mentes febriles forjando algún nuevo instrumento, para poder hacer dinero sobre dinero, en el menor tiempo posible. ¿Quién se hace responsable de haber inyectado toxicidad en las venas de las economías? Nadie. Esto queda claro con la batería de medidas que se suceden. Mejor festejar, en tanto dure.