1 de abril 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

A Geithner, el nuevo Paulson de la administración Obama, le quedan todavía 135.000 millones de dólares -de aquellos u$s 700.000 millones pedidos en octubre pasado- y la pregunta (a gusto del observador la respuesta) es: ¿esto es bueno o malo? Por de pronto, son otros miles de millones de «moneda mala», que están para ingresar al fuego de la economía en los próximos pasos (empezando por refuerzos a las automotrices). Pero, además, si el resto
-el grueso- ya se ha ido de las arcas oficiales no parecen haber dado un resultado demasiado alentador. El secretario del Tesoro lo presentó como un hecho favorable que todavía le queden esos dólares disponibles, sin hacer ningún considerando acerca de la eficacia obtenida con lo que ya se gastó. Y Wall Street volvió a surtir al resto de los mercados que se guían por él, con otro ya trillado «lunes negro» de los muchos que adornan el calendario, y aburren, con los medios cayendo siempre en la misma calificación. Parece que no existe otra denominación que adjudicar lo «negro» a la fecha en que se produce una caída de cierta magnitud. Hoy en día, sobre la base de lo estadístico que nos abruma desde 2007, una baja de cerca del 3% en el Dow y compañía: ya no resulta «negra». Es mucho peor que eso: es común.

Y en el placentero ámbito local, como no es ajeno tampoco a la costumbre no surgen estímulos que alienten a pensar en tener vida propia, Bolsa propia. Inmutable el volumen, en torno de ciertas sumas magras, ya sea en día de buenas subas, o de depresiones, el ritmo es un bolero al que sólo le cambian la letra.

Lo que más destaca es la quizás tan legal, como falta de mínima ética, de la conducta que sigue la ANSES. Porque si bien se quedó de un manotazo con los patrimonios de los Fondos Pensión, el origen de los mismos no pasaba en absoluto por darles valor político a las posiciones. De hecho, al estar distribuidas las cantidades en distintas AFJP no existía el objetivo de utilizarse para «colgarle» directores a las compañías cotizantes. Y tanto se invocó, como crítica, que los fondos jubilatorios no debían estar participando en inversiones de mercado para venir a caer, no solamente en que participan, sino que se introducen en la conducción empresaria.

Las sociedades, que dan la impresión de haber sido totalmente sorprendidas ni siquiera utilizaron el antídoto clásico, para frenar una invasión de un potencial agresor: haber instrumentado «suscripciones» para licuar las posiciones. Tontos.

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