¿De dónde salió la última novedad en acoso a sociedades, exigiendo aumentos sobre la base de balances de las firmas? Que, como ya remarcamos en notas anteriores, resultan ser de las que cotizan en Bolsa. Por el momento, los gremios no han invocado empresas de «capital cerrado». Creándose así una nueva dificultad y castigo para las que están en la oferta pública, transparentes, que se suma a la inyección de directores que les aplicó la ANSES. Se dice, en la nota de este mismo diario, que es la forma para «no discutir por inflación». Menudo problema para los sindicalistas reclamar sobre la base de la inflación que dan los datos privados. Y, en tal caso, teniendo que quedarse callados y sin decir que la inflación oficial está dibujada. Parece que tomaron un atajo y no tuvieron idea más brillante que asirse de los balances que se presentan en la Bolsa de Comercio. Acaso, alguien dirá que es el modo de «socializar» utilidades. Claro que en el caso de que existan pérdidas, el socialismo no llegará a tanto como para anunciar un autorrebaje de salarios.
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Vez pasada, cuando apareció la primera noticia al respecto, y se dieron ejemplos de las «ganancias» de las compañías involucradas, habíamos demostrado que la lectura que se había hecho, de manera totalmente arbitraria, pasaba por mencionar la «utilidad bruta» solamente. El primer paso de un cuadro de resultados, que después tiene que atravesar por distintos tamices. Hasta llegar al beneficio final.
Constituirse de manera unilateral en especie de «socios» genera un nuevo obstáculo para espantar inversiones, apuntarle a las que cotizan sus acciones públicamente contiene un avance sumamente peligroso. Y que ningún organismo pertinente parece con ganas de querer desactivar. Las supuestas utilidades que se enarbolan no son tales como las presentan. Y hay muchas firmas que ya están acusando el paso de la crisis global, con fuertes mermas en sus saldos «operativos». Otro numeroso grupo debe asumir la erogación «financiera», por la devaluación del peso. Esto asoma -junto con los directores impuestos- como otra regia invitación a que varias empresas decidan salirse de la vidriera bursátil. Y pasar al cálido abrigo de las compañías cerradas, de las que no se conocen públicamente sus números. Intentar que no aparezcan despidos y suspensiones -como está ocurriendo en todo el mundo-, inclusive reclamar aumentos en medio de la crisis, está dentro de lo presumible. Pero, lo pensado: ya trasciende todo límite sensato.