17 de julio 2009 - 01:02

Cupones Bursátiles

Si la turbulenta etapa que les tocó vivir a todos los mercados del mundo, que ya lleva justamente por estos días unos dos años (y cuando el desastre de los bonos hipotecarios comenzó a golpear duro a las Bolsas), ha dejado una «resaca» que costará quitarse de la cabeza: es lo que se ve, una y otra vez. Operadores temerosos, viviendo solamente el día por día. Aquí y en todas partes. Porque nuestro tipo de mercado, el perfil del que llamaban «emergente» y hoy hasta cayó en la calificación de «fronterizo», era el reverso de lo que pasaba en los de primera línea. Mercados regionales donde las grandes carteras internacionales disponían de algunas «fichas», nada más que para darle algo de picante a la muchas veces tediosa tendencia de los mayores. Y soportando que se pudiera estar en el valle, o en la cumbre, acorde con los golpes económicos -cuando no, políticos- que siempre acosaban a plazas como Buenos Aires. Resulta que ahora, esto es moneda corriente en grandes, medianos y chicos.

Basta observar de qué modo se actúa en Wall Street cuando surge alguno de sus innumerables índices económicos, varios en una misma semana, im
pregnando al Dow Jones de subas, o bajas, inmediatas.

Y aquí tenemos a una especie que es, ella sola, la mitad del índice principal con su incidencia ponderada, que roza el 50%. Obviamente, hablamos de Tenaris. Que se mueve al compás de lo que sucede con el nivel que alcance, en cada rueda, el precio del petróleo en su tan volátil tendencia permanente. Visto desde un ángulo de sensatez, no tiene fundamento que la cotización del papel accionario se deprima -o produzca rebotes enormes- porque el petróleo y su barril, baje un martes y recupere precio un miércoles. Esto es equivalente a lo que ocurre en los centros bursátiles rectores, donde un balance «malo» presentado le cambia el curso al índice principal. Y un indicador de menor cuantía, dentro del gran espectro que monitorea su economía, es capaz de generarle un salto hacia adelante.

Solamente entendible desde la óptica del desastre entre napas inversoras que se produjo en estos dos años, la regeneración de las mismas no será para nada fácil. Porque este tipo de heridas, donde tanta cartera del inversor común quedó incinerada, solamente deja en pie la inversión de superficie, la del «trading» y que promueve golpes de mercado en el día a día. Este panorama deja al mercado bursátil en el lugar indeseado. Demasiado cerca de la apuesta, del acierto, o del azar.

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