28 de julio 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

El secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner, estuvo haciendo ciertos anuncios más concretos acerca de lo que será un mayor control sobre el sistema financiero. En su mensaje no ahorró unos cuantos palos sobre la gente de Wall Street, acusándola de estar haciendo un «lobby» permanente sobre el Congreso y con la finalidad de que las regulaciones previstas resulten mucho más digeribles que lo que se proyecta. No podían quedar al margen los banqueros, que -finalmente- reciben lo suyo sin tapujos. El funcionario terminó: «Responsabilizando a los bancos del comienzo de la crisis, por emitir muchos de estos préstamos sin asegurarse adecuadamente que los prestatarios podrían pagar las deudas...». Y ése es el punto justo. Simplemente evitando que instrumentos que son de pura raíz bancaria adopten la figura de la transacción bursátil (que es, ni más ni menos, que la «securitización»), seguramente podrán ahorrarse muchos disgustos futuros. Porque del modo en que se fueron encastrando las operaciones, la Bolsa termina pagando con toda intensidad culpas que -intrínsecamente- no le corresponden. Una crisis que toma altitud mediática, a través de un índice bursátil, capaz de generar un terrible desastre en lo que hace a la propia economía global de los países: seguro que no ha tenido su epicentro ni su causa original en el mercado bursátil. Ni ahora, ni en la famosa de 1930, que también se la suele recordar por «el día que se hundió Wall Street...», pero que cualquier testimonio serio acerca de la trama del desastre involucra, como hoy, a todo un jolgorio especulativo sobre la base de bienes inmobiliarios. Coincidente, claro, con aquella década de fuegos artificiales que quedó rotulada como : «Los locos años 20».



Los excesos de los ciclos, la llamada «exuberancia» de precios -que bien calificó Greenspan- seguramente traen trastornos, como sucedió a inicios de esta década con el derrumbe de las «tecnológicas». Pero tales implosiones tienen su propia onda expansiva, que no llega a producir cráteres en las economías. Y tampoco efectos tan duraderos de crisis, como los que volvieron a verse en estos casi tres años.



Sin embargo, las Bolsas del mundo han debido «pagar» una dura factura por los sucesos bancarios. Y la negligencia de los que debían controlar los desvíos. De todas formas, lo bancario sabe mimetizarse y dejar a lo bursátil en primer plano de culpas. Y mucho público común termina por creerlo.

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