Tres noticias poblaron la tapa de la edición del viernes, en Ámbito Financiero, mudos testimonios del contexto en que debe desenvolverse el mercado bursátil. Una, destacando el desplome a pique de la «soja», yuyito verde del que hemos estado viviendo en pasados años y que ahora «complica más la caja». Otro, la caída en la producción automotriz, nada menos que un 18% interanual, que resulta tasa testigo clave para medir la situación industrial en el país. La tercera, hay más «plazos fijos», pero en dólares, la siempre vívida imagen de la desconfianza imperante. Dejemos de lado el singular sainete de la política, la lucha entre el referente más notorio del poder y un grupo de medios de información. Solamente con las tres primeras, ya es suficiente para ver que lo que viene sucediendo con el mercado de riesgo no es casualidad. En especial, cuando se transitó una semana muy «pesada» para poder salir de la monotonía. Y con volúmenes en efectivo que se fueron contrayendo paulatinamente, hasta los pobres -indigentes ya- $ 27 millones del viernes. Si recordamos que el promedio -por rueda- de agosto estuvo en los $ 42 millones, se advierte que la generación de negocios retrocedió de modo preocupante. Todo se resume al tradicional juego corto, del «trading», alcanzando alguna notoriedad en plazas menores y donde toda orden, por reducida que sea, causa saltos hacia arriba, o en descenso. Pero en el panorama de las «11» principales, el período pasó casi en blanco: salvo por la surgencia, del viernes, de un rebote en Tenaris y Petrobras.
En la tanda de balances trimestrales, a punto ya de aparecer las memorias a junio, seguramente que hay algunos rescatables. Pero también existe un conjunto nutrido de estados contables que muestran las huellas de un primer semestre complicado. Y esto tiene relación directa con el valor intrínseco de las acciones, las que deben rendir cuentas con los saldos obtenidos, para poder darles sustento y apoyo a los precios.
Lo mismo parece suceder en Wall Street, donde están viendo que el tan consultado «precio/utilidad» de los papeles se les está yendo a zonas de éxitos económicos, que en la economía real no aparecen.
Un indicador que no se utiliza tanto aquí, aunque supo estar muy de moda en la década pasada, pero que resulta el «delator» de desfases: entre cotizaciones y rendimientos empresarios. Todo está bajo «revisionismo», y los distintos mercados dieron muestras de fatiga.
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