26 de noviembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

 «No asar lo que está cocido...», decían los antiguos. Da la sensación de que al menos una parte de los intervinientes en los mercados -no sólo aquí- están viendo que la carne de la tendencia se está pasando de cocción. Lo que no quita, porque tantas veces en el historial ha sucedido, que en los instantes de dudas aparezcan nuevas tandas de postulantes a colocar en la parrilla aquello que parecía estaba listo.

Las ruedas donde aparecen los negocios que se consumen -como el martes- y los precios no consiguen salir de sus bases previas resultan las señales de dos fuerzas que coinciden demasiado en la misma línea de corte casi sin dejar luz para el negocio.

Decíamos ayer que, viendo la estadística, a finales de noviembre el mercado local está como el perro que gira para tratar de morderse la cola. Estos niveles donde se mueve el índice ya los había alcanzado un mes atrás y con mucho mejor ritmo de órdenes. En consecuencia, lo que se ha hecho a partir de aquella rueda de los $ 106 millones, y una baja del 6% en el Merval, fue solamente llamarse a recogimiento. Luce ahora como una bofetada en plena cara y que dolió y hasta lo más profundo.

De todas formas, no hay pretensión de querer jugar de gurúes, industria del pronóstico que corre por otros andariveles. Nada puede descartarse en mercados donde la gente común todavía está viendo cómo resuelve las secuelas de la crisis. Y donde el peligro por la pérdida del empleo impide andar pensando en cualquier tipo de actividad adicional, más que viendo de qué modo salir del atolladero.

Ha quedado un circuito poblado de los apostadores de los mercados, profesionales, conocedores de toda estrategia (y estratagema) y pendientes de utilizar cualquier tipo de señal mínima para convertirla en razón para una nueva suba. Días atrás, el lunes, en Wall Street se tomaron de lo que provenía de los martilleros, dando algún registro de venta de casas. Mañana podrá ser del sector automotor, o porque los desempleados llegaron con un número «inferior al estimado» (la viveza consiste en estimar uno mayor para pasarlo por bueno. Que haya menos agregados no quiere decir que disminuya el número original: son más). Todo camino está abierto para el remate anual, y la nota mayor es el modo en que se adelgazan los negocios. Aquí y afuera.

Y tal dato es un testimonio para respetar.

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