4 de diciembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Estábamos revisando el curso inmediato anterior de nuestro mercado, teniendo a la vista los movimientos de los últimos dos meses. Y como en todo el curso del ejercicio, exitoso en precios, nos alarma observar que de los casi 70 millones de pesos de promedio por rueda de octubre, se haya retrocedido a los flacos 41 millones de pesos diarios de noviembre. Esto es nada menos que el 40 por ciento de caída, sobre totales que ya resultaban magros para darle base seria, a lo que se hubo ganado en cotizaciones en este 2009. Más nos alarma que a mucha gente del ambiente no la alarme: ver el descenso vertical en los negocios. Y cuando ya no se puede hablar de un dólar actuando de aspiradora, sino que no solamente se planchó, sino que está ofertado. Y más todavía cuando se advierte que la tasa como premio al dinero colocado, tiende a descender de manera elocuente. Apagado el fuego intenso por los «bonos», con la expectativa por lanzarse el nuevo canje, las acciones tenían el mejor de los escenarios para capturar «capital de riesgo».

Y en lugar de verse ello, se comprueba una salida de dinero del sistema: porque los precios no han bajado, pero sí lo ha hecho el volumen y en forma tan agresiva. Recordemos una vez más: de 70 millones de pesos diarios, en octubre, cayendo a 41 millones de pesos en el curso de noviembre. Y abriendo el mes final con fecha como la del miércoles, donde solamente hubieron 28 millones de pesos en órdenes. Si esto no es estar en el fondo del valle, no sabemos dónde estará realmente.

El viejo problema es que la mayoría juzga lo bueno y lo malo, lo alto y lo bajo de un mercado, solamente por la columna de evolución del índice Merval. Y si en un momento todo parece volver a deshacerse, se le adjudica a un quiebre puntual: y no a la acumulación de causas, como la insuficiencia de participantes y de capital fresco de reemplazo, que ha ido mellando los muros durante un largo tiempo.

Si surge un ataque decidido, frontal, de la oferta -por cualquier motivación que la inquiete en alto grado- no existe un colchón para amortiguarla, ni un terreno esponjoso para asimilarla.

El nuestro -como según se dice, también pasa en el Nyse- es un mercado que trabaja arriba -bien arriba- del trapecio: sin red. Cada semana es un nuevo caminar por los alambres (y rogando por la estabilidad de los atletas).

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