5 de abril 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Los argentinos, tan cómodos venimos, asistimos al nuevo deporte dialéctico entre leales y contrarios.

El de cumplir la indudable consigna y orden terminante a la tropa partidaria, de borrar explícitamente la palabra «inflación» en todo comentario. Y la serie de giros, muchos de ellos absurdos o jocosos, que deben ensayar los fieles a tal mandato: con tal de eludir la que suena como palabra maldita, en el diccionario oficial. Acaso, tratando de poner en práctica aquello de «todo de lo que no se hable no existe», cuando la verdad de las góndolas se encarga de dispersarlo.

Desde la otra vereda, incluidos medios y analistas, se menciona, y se repite a modo de repiqueteo, la palabra que en la otra vereda abominan y prohíben. Otra pueril y desgraciada confrontación, sobre algo que de tan evidente, es innegable. Y de tan reiterado, se hace fastidioso. ¿Dónde supondrán las autoridades que irán a repercutir los fastuosos aumentos salariales, que ya son comunes en cada sindicato? Más la negativa a realizar ningún tipo de «ajuste» (perdón, ajuste es otra palabra abominable para el poder) en los excesos del gasto público. Es totalmente impensado que ello vaya a otro renglón, que no sea el de «los costos». Y de ellos bajarán a los precios, éstos se verán en las góndolas: y los billetes de $ 100 acelerarán su velocidad de autodestrucción. Con lo cual, los gremios volverán al reclamo fastuoso y la rueda seguirá girando, cada vez más rápido.

Se dice que la inflación real del trimestre estuvo en el 7%, casi justo lo que dejó de saldo el índice mayor de nuestro mercado. Por lo tanto, en términos reales no habría diferencia alguna. Sólo volaron los «bonos», en saltos de cotizaciones que hacen presumir la «mano invisible» por detrás (ahora ya más visible, con la «mesa» que se crea en la ANSES).

Un mercado de circuito cerrado, exclusivo para banqueros y carteras profesionales, aprovechando las dosis de «esteroides» que se inyecta desde órbitas oficiales. Las acciones quedaron muy lejos de tanta demostración alcista, pero también por lo mismo ven potenciado su camino cuando se derramen seguras «tomas de utilidad», de aquellos papeluchos de deuda pública. Puede que no resulte todavía «el momento» para entrar de lleno. Pero es seguro que no se trata de un momento para ganar la salida.

Inflación mediante, hay una chance para que las acciones enganchen otra velocidad. Y la señal, como siempre, será el volumen.