22 de abril 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

 «Es sencillo abrir una lata de gusanos, lo difícil es tratar de ponerlos de nuevo adentro...». Tarea que ahora emprenderá Obama, con su desembarco de hoy en Nueva York y arribando con su proyecto de reformas financieras bajo el brazo. Aquellas que vienen impulsadas desde la mano de Paul Volcker y que ha generado distintos focos de resistencia, algunos de ellos con nombre de indudable influencia -como Greenspan, que lo ha llamado como casi un «sueño utópico»- y otros, que llaman mucho la atención, donde se anota el de Ben Bernanke, a quien no se lo oyó demasiado entusiasta. Esto no deja de ser entendible, porque la Fed que sigue presidiendo es la que manejaba el «abrelatas», cuando los gusanos hicieron de las suyas. Y, de última, la hasta ahora decidida oposición del Partido Republicano y que ha llevado sus argumentos al extremo de denominarlo «estatista».

Aquí, y ahora sí parece, tendrá que producirse la esperada bisagra dentro de la vida de los mercados y de las transacciones financieras.

Goldman Sachs ha servido de enorme resorte en el sillón presidencial, para que a través del enjuiciamiento de la entidad el presidente pudiera salir en carne viva. Y su aterrizaje en Nueva York ya significa un paso mucho más decidido que la simple mención de los «proyectos» (que vienen dando vuelta desde hace un par de años).

Cuesta creer que pueda generarse oposición, ya sea de los mismos sectores involucrados en el estallido de la crisis, como de un espectro político que -más allá de banderías- tendría que reconocer que una reforma y nuevos marcos de actuación resultan el efecto lógico del desastre causado.

Y hay que estar encima del desarrollo de estos aconteceres inminentes, porque de lo que parta desde el eje del sistema dependerá -también- lo que se irradie sobre los demás. Nuestro titilante mercadito doméstico, al que se le diluyeron esos tan elogiables primeros síntomas de abril, debe tender en cuenta -para sus proyecciones- esto que comienza a suceder en el Norte y desde esta misma semana.

No pueden descartarse los viejos y clásicos «sabotajes corporativos», asolando con bajas inducidas -y procurando crear pánico- el ambiente en que se desenvuelva el proyecto que intenta llevar adelante Obama y su Gobierno. Y los gusanos lucharán para no retornar a la lata.