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Cupones bursátiles
Aquí, y ahora sí parece, tendrá que producirse la esperada bisagra dentro de la vida de los mercados y de las transacciones financieras.
Goldman Sachs ha servido de enorme resorte en el sillón presidencial, para que a través del enjuiciamiento de la entidad el presidente pudiera salir en carne viva. Y su aterrizaje en Nueva York ya significa un paso mucho más decidido que la simple mención de los «proyectos» (que vienen dando vuelta desde hace un par de años).
Cuesta creer que pueda generarse oposición, ya sea de los mismos sectores involucrados en el estallido de la crisis, como de un espectro político que -más allá de banderías- tendría que reconocer que una reforma y nuevos marcos de actuación resultan el efecto lógico del desastre causado.
Y hay que estar encima del desarrollo de estos aconteceres inminentes, porque de lo que parta desde el eje del sistema dependerá -también- lo que se irradie sobre los demás. Nuestro titilante mercadito doméstico, al que se le diluyeron esos tan elogiables primeros síntomas de abril, debe tender en cuenta -para sus proyecciones- esto que comienza a suceder en el Norte y desde esta misma semana.
No pueden descartarse los viejos y clásicos «sabotajes corporativos», asolando con bajas inducidas -y procurando crear pánico- el ambiente en que se desenvuelva el proyecto que intenta llevar adelante Obama y su Gobierno. Y los gusanos lucharán para no retornar a la lata.

