Cupones bursátiles

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Por un momento dejamos el pasado, el recorrido por la zona de gestación de la crisis actual -hace tres décadas- y la realidad del impacto del martes nos obliga a comentar el presente. Que está en consonancia con lo que podía advertirse en la aparente recuperación de la bonanza de los mercados, periódicamente atacada por nuevos hechos de la economía global.

El permanente juego corto en que se han sumergido los adherentes -con razón- a los activos de riesgo, y donde cualquier noticia de magro cuerpo genera reacciones alcistas, como el lunes. De inmediato aplastadas por inquietudes que se agitan y menean, como fantasmas de recaídas. Los que aciertan a jugar en tal vértigo, y no equivocarse en entrar y salir, obtienen alguna cosecha de ese tipo de diferencias cortas.

Motivo de comentarios, polémicas seguramente, se generaron porque a un economista que no comparte la idea de endulzar las píldoras se le ocurrió preguntarse si no es que la «eurozona» está para desmembrarse, antes que para recuperar su epidermis de apariencia sólida y lozana.

Hace unos meses nada más debía leerse a los que mencionaban al euro como la inmediata moneda de reserva internacional, reemplazando al dólar. Bonita propuesta, a la vista de las asimetrías que explotaron y la serie de opiniones entrechocadas de los integrantes de la zona europea común.

El lunes mismo, día de fuertes reacciones en el NYSE y algún otro, el interrogante era ver qué Bolsas europeas no habían tenido perfil de entusiasmo al anunciarse el «salvataje» a los griegos.

La respuesta vino el martes, y, en verdad, el operador experimentado interpreta que las autoridades de Grecia comenzarán a desviarse del trato para sus ajustes prometidos, en virtud de la virulencia social que viene junto con los anuncios. «Firmemos lo que quieran y -después- hagamos lo que nos venga en gana» (típicos acuerdos argentinos con el Fondo, a través de todos los gobiernos). Y falta España. Y falta Portugal.

Con la realidad del mundo moderno y sus dirigentes políticos: no hacer ajustes molestos, sino esperar a que los demás provean lo que hace falta. El mismo ejemplo de los Estados Unidos con los ban-cos -que fue tan ponderado-, donde nadie se hace cargo de pagar la factura. Y después, se quejan de los fondos buitre. Pajaritos.

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