... Y finalmente, los «malditos mercados» están consiguiendo aquello que laxos políticos no estaban dispuestos a querer asumir: que se produzca un ajuste general y que no se pueda salir lo más rozagantes, y en el mismo estándar de vida, que algunos años de prosperidad habían dispensando. Todo gobernante de la región involucrada está ahora -sin que nadie se lo exija debidamente- anunciando, en cada país, una receta que coloque en marco los desvíos producidos. En tanto esto no se vea más claramente -porque en eso son sumamente ladinos los políticos y su verba-, los mercados han seguido golpeando duro. Y, simplemente, porque todo debe retroceder a una zona más austera y de menos vértigo para lograr resultados abundantes. El propio motor de los mercados ha reducido sus revoluciones y para acoplarse a un porvenir que, se supone, será mucho más pensado y racional que el solamente ir hacia arriba. Por supuesto que nadie dará debidamente las «gracias» a los mercados por haber resultado los detonantes no solamente de la crisis -denunciando los excesos-, sino también de la ineludible necesidad de corregir los límites que venían sosteniendo las economías: en verdad, sin ningún límite, cada uno haciendo la suya y vanagloriándose de supuestos hallazgos del crecimiento y la felicidad perpetuas. Los cerebros narcotizados, por los sucesivos años de prosperidad a un ritmo imposible de sostener en el tiempo y donde cualquier envergadura de nación se enganchaba en el tren de la alegría, ha llegado a su fin. Esto es lo que puede leerse debajo de la maraña de discursos y medidas que se anunciaron. ¿Cómo seguiría todo, si es que se ignoraba el problema griego y los índices no sufrían ninguna convulsión? ¿Qué Gobierno, espontáneamente, hubiera dicho: debo hacer un ajuste y revisar mis gastos, porque vamos a terminar sepultados por la realidad...? Es fácil acertarlo: ninguno.
La fórmula de anunciar «salvatajes» billonarios, estilo Obama, ya no emociona a nadie. En la versión europea resultó un tremendo fracaso de «rating». Apenas duró una fecha, del anuncio, para volver a recibir merecidos castigos «de mercados». Acusaron de ataques, de conspiraciones, de «manadas de lobos», buscaron culpar a otros y tuvieron que resignarse: así no se podía seguir. Quien más, quien menos, debe asumir hacer su propia reconversión. (Aunque desde la Argentina les envíen consejos de seguir jugando a la ruleta rusa: que nosotros jugamos.)
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