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Y su título: «Bernanke, listo para actuar...» resulta explicativo desde su mismo rótulo. Allí se detallan las diversas posibilidades que se barajaban, en función de volver a combatir el -por ahora- estancamiento evidente que se sigue sufriendo.
Nosotros, mucho menos dotados y preparados que José Siaba, tratamos de traerlo todo al terreno llano. Al doméstico. Al pensamiento simple del ciudadano y su familia. Al que ve que no consigue empleo y que -en buena parte de los casos- no posee recursos para saldar ciertas deudas pendientes o alguna hipoteca que lo acecha. Y en tal terreno llano, la visión puede resultar muy distinta. Ya que si la Fed anuncia medidas de tipo «ingeniería financiera», moviendo las piezas del tablero en dirección al movimiento del crédito, o de los bonos del Tesoro, la cuestión es alejada de las simples necesidades
individuales de los que sufren problemas inmediatos, reales, urgentes.
Por tal vía se puede imaginar que las empresas, no sin lógica, aunque noten que poseen mejor demanda y levantan en sus ventas, no se animen a crear más puestos de trabajo. Por la incertidumbre que sigue persistiendo y la falta de seguridad, acerca de que el problema de la crisis esté resuelto.
Algo por el estilo se puede observar en nuestro medio, que tiene todavía ribetes más complicados.
Hemos visto cantidad de balances y -muchos de ellos- evidencian el hecho de mostrar mayor facturación, pero solamente para repetir resultados de cuando facturaban bastante menos. Incluso, sociedades que logran mayor ingreso, pero no volúmenes despachados. Ergo, el factor inflación que juega su papel al inflar los
ingresos, sin que se pueda verificar incremento de volumen. Y si no hay aumento de volumen, tampoco se moviliza mayor producción. El factor principal, para crear más puestos de trabajo.
Desde el punto de vista de los mercados, hay un cono de sombras muy preocupantes sobre qué le ocurrirá al Gobierno de Obama en las próximas elecciones de noviembre. Se podrá explicar lo que se quiera, podrá la Fed mostrar su estrategia financiera, pero la verdad doméstica es lo que decidirá el voto. Lo personal pesa más.

