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Cupones bursátiles
También en lo bursátil, obviamente. Sin embargo, vamos de frente contra tales expresiones. Y es así que por no tocar «los éxitos» hemos visto de qué modo se perdieron buenas chances de programas económicos que habían conseguido -a través de la indispensable poción de «magia»- entrar en el espíritu del ciudadano y servir como bisagra, para cambiar el rumbo de la decadencia.
Así nos acordamos de que se les fue de las manos el «plan austral», mucho más cerca el de «convertibilidad», enamorados los políticos de los primeros efectos positivos y exitosos: y sin después estar dispuestos a vigilantes, corrigiendo cuando la situación clamaba que hacía falta.
Es por eso que debemos ser la única columna que siempre le está buscando los puntos flojos, los dudosos, al año bursátil que termina en nuestro medio y que tanta diferencia ha deparado en sólo cuatro, cinco meses.
Ser el recinto más exitoso en el ranking del mundo, con su fastuosa utilidad en dólares, no habilita a creernos que todo se ha afirmado en bases sólidas. Y que nuestros activos, los papeles que han sido objeto de soberbias ganancias, resulten los de mejores condiciones o merecedoras de tanto color alcista. Mucho menos el contexto en que se debe nutrir un mercado que tiene como espada sobre la cabeza el hecho de navegar en aguas inflacionarias -que tienden a subir- cercanas a un 30 por ciento en el ejercicio.
Ajuste de clavijas
Creemos en firme que toda cartera debe ser revisada, purificada, de modo permanente. Disponerse a «tocar los éxitos» y ajustarle las clavijas, antes que sentarse en una poltrona y proclamar que todo es merecido, que las mejoras no tienen techo y que -al estilo brasileño- «somos los mejores del mundo», respecto de la Bolsa.
Estamos más bien viviendo un ensueño, como nuestra propia economía lo está viviendo en ciertos aspectos. Y está muy bien haber libado las mieles del saldo abundante, pero las hieles también forman parte del juego, y hay que estar preparados.


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