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Cupones bursátiles
El ideal sería que la primera opción fuera la respuesta. ¿Cuántos, sinceramente, están dispuestos a creer en ella? Lo de imaginar un 2011 «más próspero y que disperse felicidad en el mundo», es uno de los recitados clásicos del brindis de fin de año, repetido por políticos, economistas o gente común.
Nadie puede negarse a «desear felicidad» y, si hay de sobra, que se disperse al resto de los mortales. Pero los deseos son una cosa y las evidencias corren por otro andarivel. Si la respuesta correcta fuera la segunda, todo lo que se siga sumando a la fiesta de los aumentos de índices está atado con alambre.
Y nuestro propio mercado, que abrió con unas ganas y una fuerza inesperadas -al menos, para nosotros- de inmediato ordenó una corrección de los aumentos del lunes, con una segunda fecha que recibió fuerte suma de órdenes y que propendió a tomar diferencias de una manera inocultable. Dos jornadas, dos destinos, dos opiniones, dos modos de actuar...
Cabe también preguntarse: ¿los compradores del lunes fueron vendedores del martes? Como para pasar de $ 104 millones de efectivo a los $ 117 millones, que exigió una buena dilatación de la demanda para contener que la variable «precios» efectuara el ajuste decidido. No resultó ortodoxa y correcta la segunda sesión, como sí lo fue la primera. Los precios y los negocios corrieron parejos en el primer día -como debe ser-, pero en el segundo la abrupta venida a menos de las cotizaciones no fue respondida por una contracción de oferta sino al contrario. Todo queda en el plano de lo hipotético, pero si se piensa que no hubiera existido la suba de órdenes al momento de las ventas es muy probable que los precios hubieran sido la variable de «ajuste» de un modo más drástico.
Afortunadamente se produjo la dilatación del poder de asimilación, dejando en el plano de lo virtual tal corrección del índice.
Sombras largas
El mundo y las economías siguen dentro de las sombras largas. De última, la Fed piensa que lo malo de Europa los perjudica siendo que el victimario hace culpable a la víctima. Tiempos modernos...


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