20 de mayo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Cómo estará de difícil la búsqueda de estímulos positivos que después de varias ruedas cuerpo a tierra, en medio de Wall Street tuvo que aparecer el titular de la Reserva Federal jugando de «llanero solitario», decíamos en el comentario sobre la rueda, y apelando a lanzar un pronóstico que vaya a saberse en función de qué bola de cristal pudo jugarse tan a fondo. En síntesis, nuestro «héroe» semanal predijo que el pico inflacionario surgido en la economía del Norte «será sólo pasajero...». Expresión que guarda una carta encubierta, porque pueden ser uno, dos, más meses y se cobijarían en el término de «pasajero».

Lo concreto es que, en la tercera fecha de otro período que venía denotando debilidad expresa, se pudo lograr un «rebote» en el Dow Jones. Y desde allí tomar expansión para poder utilizarse en los demás centros adheridos al índice rector.

Píldora

También decíamos, sobre el día, que en caso de ser necesario quizás hasta el propio Obama aparecerá en escena con alguna píldora favorable, que ayude. Por lo demás, se ve bastante agotada la «lata de los recursos mediáticos», habiendo sido raspada de forma tan intensa que hasta los ratios de tercer orden se pusieron en juego a lo largo del año (sólo falta que alguna suba en «comida para perros» se utilice como señal de recuperación económica).

La virulencia social que se está viendo en Europa, con muestras acabadas en España en días atrás, el fracaso en salir realmente de la crisis global, es prometedora de fuertes giros políticos en las diversas sociedades. Y desde allí se tienen que esperar también variantes en los «modelos» (palabra que tanto gusta por aquí) y fuertes desbalances en el comercio mundial, a partir de medidas con tinte protector y nacionalista agudo.

Que los muchachos de Wall Street puedan seguir barajando y hallando «comodines», o que de tanto en tanto tenga que aparecer un «llanero solitario» es el mejor testimonio de que el fondo de la grave cuestión -la crisis- no encontró con éxito ninguna de las fórmulas ensayadas. Ni la del Estado paternalista de los Estados Unidos, ni la línea ortodoxa de los europeos. Los asiáticos, en quienes se pensaba como salvadores, manejan sus propios problemas y lo que se lee, en todas partes, es: «sálvese quien pueda...».

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