27 de junio 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Ahora ya queda a la vista que Paul Krugman, que ostenta un Premio Nobel, además de haberse convertido en un hombre sacando partido de su «chapa» para hacer dinero con lo mediático sostiene medidas alejadas de todo principio ético y «fair play», que debe primar en las conductas, con tal de zafar de situaciones. En la hora que recorrió todos los medios durante el viernes, donde el personaje salió a oponerse a lo que mencionaban otros analistas (en la misma publicación), Krugman realiza una apología de la actitud argentina ante sus acreedores -bonos y canje mediante-, yendo en igual dirección incitando a que los griegos hagan lo mismo. Y desestimando que -como se decía en la nota original- a través de tal mecanismo, la Argentina se haya ganado el rótulo de país «poco serio». Se sube sobre un simple gráfico, donde se muestra la evolución del «PBI» local, para desde tal único testimonio subordinar todo lo demás. En una palabra, el nombre es partidario absoluto -aunque no lo manifiesta- de la funesta máxima sobre: «el fin justifica los medios».

Tinieblas

Es un ejemplo de la decadencia, también en términos académicos, de donde los supuestamente profesionales más distinguidos deberían resultar la luz que ilumine el camino, de un mundo que transita por las tinieblas. Y sin dejar nunca de lado que debe existir un conjunto de principios «de oro», no vulnerados nunca aunque se busquen soluciones prácticas.

Krugman afirma, muy livianamente, que por seguir conductas ortodoxas nuestro país se precipitó a la crisis de 2001. Y hace una extraña mezcla, muy simplista, acerca de por qué sobrevino la caída. Y las razones por las cuales se salió del valle. Seguro que informaciones pormenorizadas no le deben faltar, pero efectúa un evidente manejo superficial de éstas y todo lo resume en mostrar un solo gráfico. Donde queda establecido que estafar a los acreedores resulte una muy buena solución, para iniciar un repunte. Ignora totalmente el peligro inflacionario que nos acecha, la imposibilidad de crear un sistema sano con semejantes tasas acumulativas de deterioro del dinero. Si el mundo está en manos de tal tipo de mentes «brillantes», es como para temer que estemos fritos. La escala de valores ha explotado: el mundo es un vale todo.

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